Pensar demasiado quita impulso a la felicidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 noviembre, 2018
Valeria Sabater · 23 noviembre, 2018
Pensar demasiado agota, en especial si esos pensamientos tienen el rumor de la negatividad y el sabor de la desesperanza. Debemos evitar ese sobrepeso mental y llevar nuestro enfoque hasta la calma y el equilibrio.

Pensar demasiado en ocasiones genera sobrepeso mental y resta inercia a la felicidad. Esto ocurre sobre todo cuando esos pensamientos, ideas y reflexiones son de mala calidad, ideas nocivas y tóxicas que envenenan autoestimas, esperanzas y proyectos. Así, pocas cosas pueden ser más necesarias para nuestro bienestar que cultivar mentes más relajadas, pacíficas y centradas.

La mente es una maquina incansable. Los neurocientíficos nos señalan incluso que las personas tenemos de media unos treinta mil pensamientos al día, y cerca del 80% de ellos carecen de utilidad alguna. Es decir, son simples ideas repetitivas y rumiantes, recuerdos evocados y en esencia, procesos cognitivos que no nos confieren excesivo beneficio.

No obstante, como bien sabemos todo flujo de ideas, valoraciones, recuerdos y sentencias, pueden también actuar en ocasiones como auténticas flechas envenenadas. Son estados que intensifican malestares y que nos arrinconan en espacios de gran insalubridad psicológica. Por tanto, la clave de todo esto no se halla precisamente en la mayor o menor cantidad de pensamientos que tengamos, sino más bien en la calidad de los mismos.

Veamos más datos al respecto.

“Piensa como lo hacen los sabios, pero rodéate de gente sencilla”.

-Aristóteles-

Mujer con el cerebro iluminado por pensar demasiado

Pensar demasiado agota el cerebro

Cuando un atleta se dispone a ejecutar un ejercicio sabe que la parte de su cuerpo que más debe controlar es su cerebro. Pensar demasiado podría afectar a su desempeño o incluso provocar un error. Por tanto, la mejor estrategia en estas situaciones de nervios y ansiedad implica estar centrados, calmados y focalizados en el objetivo.

El pensamiento, así como la mayoría de nuestros procesos cognitivos se localizan en nuestro lóbulo frontal. Es en esta área donde planificamos, donde comparamos información, realizamos inferencias, reflexiones y análisis. Ahora bien, cada uno de estos procesos demandan una buena cantidad de energía. Por tanto, debemos saber en qué momentos vale la pena poner en marcha ese engranaje y en cuales es mejor “dejarnos llevar” y simplemente confiar…

El cerebro en los tiempos del multitasking (multitarea)

Gran parte de los deportistas aprenden en un momento dado la importancia de entrenar la mente, de domar los pensamientos y situar la atención frente a un objetivo. Ahora bien, alcanzar ese afinado control sobre los procesos mentales no es precisamente fácil en medio de estos tiempos dominados claramente por la multitarea.

  • Psicólogos cognitivos como David. E Mayer, de la Universidad de Manchester, nos indican que aunque nuestro cerebro es hábil para hacer varias cosas a la vez, tiene un límite.
  • Es más, aspectos tan cotidianos para nosotros como conducir mientras escuchamos la radio, pensar en lo que nos espera en el trabajo, en lo que haremos mañana, en lo que hemos dejado sin hacer y en lo que deberíamos haber hecho, genera un elevado estrés mental.
  • Ese estrés mantenido en el tiempo acaba minando nuestro estado de ánimo.
  • Pensar demasiado un día sí y otro también no solo da forma a estados de elevado agotamiento mental, sino que además, edifica lo queramos o no cerebros poco eficientes.
Hombres con gafas simbolizando el acto de pensar demasiado

Los cerebros más eficientes y su curiosa actividad neurológica

Es posible que pensemos aquello de que las personas más hábiles a la hora de realizar algo, presentan un cerebro más activo. Bien, en realidad no se trata de tener una “mente más activa” sino un enfoque mental “más efectivo”. 

  • No se trata por tanto de “pensar más” sino de “pensar mejor”, de generar pensamientos más productivos, directos y útiles.
  • Ahora bien, es necesario comentar un aspecto interesante. Por término medio, las personas con mayor coeficiente intelectual no presentan precisamente pensamientos más “efectivos”.
  • Es común que apliquen lo que se conoce como pensamiento arborescente. Es decir, una idea les lleva a otra, una duda les invita a generar diversas hipótesis y a partir de estas, nuevas reformulaciones…

De ahí, que suelan tardar más en emitir respuestas, y que esa tendencia a pensar más de la cuenta, les provoque a menudo cierta ansiedad y malestar.

Pensar menos y mejor para ser felices

Pensar bien es sinónimo de vivir mejor. Sin embargo ¿cómo podemos entrenar nuestro enfoque y esa mente acostumbrada a alimentarnos con incansables miedos y malestares? Albert Ellis, padre de la terapia racional emotiva, nos recordaba en sus trabajos que lo que más nos afecta no es aquello que nos ocurre, sino el modo en que interpretamos lo que nos sucede.

La clave está por tanto en tratarnos mejor, en valorar las cosas de otro modo, en permitir que la mente ponga el freno y descanse de vez en cuando. Veamos por tanto algunas estrategias.

Cuatro pasos para dejar de pensar demasiado

  • Desde la psicología cognitiva nos recuerdan que podemos modificar nuestro estado de ánimo cambiando aquello que nos decimos. De este modo, un modo de reducir el exceso de pensamientos es tratarnos mucho mejor. Hay que reducir la negatividad, el peso del miedo, el filo de la angustia.
  • Otro paso que nos puede ser de ayuda a gestionar el plano emocional. Un modo de lograrlo es convencernos de que estamos a salvo, de que estamos bien, de que no hay amenazas inminentes que puedan causarnos daño. Hay que trabajar la calma interna.
  • Asimismo, prácticas como el mindfulness pueden permitirnos reducir el rumor de esa mente hiperactiva. Además, nos ayudará focalizar la atención en el aquí y ahora, algo esencial para reducir el sobrepeso de preocupaciones.
  • Hay un tiempo para pensar y uno para dejarse llevar. Hay momentos en que sí es necesaria la reflexión, el análisis, la búsqueda de opciones y la inferencia. Todos estos procesos nos permiten tomar mejores decisiones. Ahora bien alargarlos en exceso puede ser contraproducente. Recordemos que hay un tiempo para pensar y otros para dejarse llevar…

Para concluir, un modo de ganar en bienestar y felicidad es controlar nuestros pensamientos y la calidad de los mismos. Lograrlo no es algo precisamente fácil, no cuando estamos supeditados a esos rígidos esquemas mentales como el “tengo qué”, “puede que”, “debería hacer”, “sería mejor qué”… Dejarnos llevar, apreciar el momento, descalzar preocupaciones y adelgazar miedos es ese arte en el que ir iniciándonos en el día a día.