¿Por qué odiamos? Esto es lo que nos dice la ciencia

Todos podemos experimentar odio en algún momento puntual. Sin embargo, hay quienes hacen de esta emoción su forma de vida, proyectándola hacia una persona en concreto o un colectivo determinado.
¿Por qué odiamos? Esto es lo que nos dice la ciencia
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 25 mayo, 2021.

Última actualización: 25 mayo, 2021

¿Por qué odiamos? ¿Por qué habita en el ser humano esa emoción tan adversa, negativa y hasta destructiva? Quien más y quien menos se ha hecho esta misma pregunta. Y si bien podemos abordar esta cuestión desde perspectivas sociales, filosóficas y hasta espirituales, en nuestro caso vamos a responderla desde el ámbito psicológico.

En primer lugar, hay un detalle que debemos considerar y admitir. Todos hemos experimentado el sentimiento de odio en algún momento. No obstante, lo más común es que ese estado psicobiológico haya sido breve y ya no persista en nuestra mente. Podemos odiar a ese jefe que nos despidió sin motivo como también a esa pareja que nos traicionó y decepcionó a partes iguales.

Sin embargo, el tiempo y el cambio de enfoque nos han hecho dejar atrás tal sentimiento, porque lo cierto es que quien alimenta el odio de manera persistente tiene una mala calidad de vida.

Odiar envenena el ánimo, nos vuelve desconfiados e incluso agresivos. Es permisible experimentar esta emoción durante un tiempo determinado, pero no es recomendable convertirla en nuestra invisible compañera de piso. Profundicemos un poco más en este tema.

El odio no deja de ser una emoción social: surge como reacción a la injusticia, la impotencia, la vergüenza o el desprecio hacia algo o alguien.

Niñas enfadada representando por qué odiamos

Estas son las razones de por qué odiamos

A todos nos puede venir a la mente ese momento en el que cuando reñimos o ponemos límites a un niño de 3 o 4 años, nos dice aquello de “te odio”. Así es, el ser humano experimenta de manera temprana esta emoción como reacción a lo que nos frustra, a lo que nos quita derechos, libertades, a lo que nos amenaza de un modo u otro.

Ahora bien, si nos preguntamos por qué odiamos hay razones mucho más complejas. No odiamos solo a quienes nos hacen daño, de hecho las personas odian muchas veces a quienes ni tan solo conocen. Y ese es el mayor problema de todos. Porque como especie, dimensiones como el odio son el germen de la violencia y estas experiencias van en contra de nuestra supervivencia como grupo social.

Se odia a otros no por lo que hacen, sino por lo que “pensamos que son”

En primer lugar, el ser humano tiende a odiar más a colectivos de personas que a individuos concretos. Cuando alguien demuestra desprecio hacia alguien concreto es porque existen razones más profundas. Sin embargo, lo más común es encontrarnos con hombres y mujeres que odian a otros grupos (por sus ideales, tendencias políticas, religiones, etc.)

Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Ámsterdam en colaboración con la Universidad de Lovaina (Bélgica) y Haifa (Israel) nos señalan algo muy concreto. Se odia a grupos de personas más por quiénes son que por lo que hacen. Esto explica por ejemplo las conductas de odio hacia inmigrantes o extranjeros.

No importa cómo son sus vidas, a qué se dedican, cuáles son sus gustos, personalidades o valores. Importa lo que se interprete que son y ahí entran los prejuicios y los estereotipos, siempre tan dañinos.

El odio parte del miedo: desconfiar de todo lo que sea diferente

La neurociencia nos dice que el cerebro está programado para reconocer estímulos amenazantes. Según un estudio de la Universidad de Nueva York, la amígdala cerebral procesa los rostros en busca de matices singulares que despierten desconfianza. Todo aquello que sea diferente a nosotros se percibe como un peligro y al instante aparece la necesidad de defendernos y de ponernos en alerta.

Esto provoca que nos sintamos inquietos ante quien tiene una apariencia poco común. Es un instinto, una reacción natural. Sin embargo, lo habitual es racionalizar esta idea, añadir el sentido de la lógica. No porque alguien vista diferente va a hacernos daño.

Ahora bien, en nuestra sociedad, el odio al extranjero o a la raza diferente parte de este mecanismo primitivo. Se odia lo que se teme.

“El odio es un pez espada que se mueve en el agua invisible; entonces se le ve venir, porque tiene sangre en el cuchillo: lo desarma la transparencia”.

-Pablo Neruda-

Hombre gritando representando por qué odiamos

¿Por qué odiamos? Porque no nos queremos a nosotros mismos

Sabemos ya que una de las razones de por qué odiamos es por reacción a una amenaza percibida. Todo el que no sea como yo viene a hacerme daño. Sin embargo, hay otro matiz no menos singular… Toda esa ira que a veces demuestra quien odia parte también de la propia frustración personal.

Hay personas que ante su malestar interno, su baja autoestima o traumas no resueltos, adquieren cierta sensación de poder al ejercitar el odio hacia ciertos colectivos. 

Cultura, familia, experiencias personales

¿Por qué odiamos? A veces, la respuesta es más simple de lo que podamos creer: el odio a menudo se enseña, lo inocula la familia y lo transmite la cultura en la que crezcamos. Todo niño al que se le enseñe a detestar al diferente, al que no piense como él, se convertirá en un adulto que hará del odio su forma de lenguaje.

Odiamos también a quien nos hace daño, las experiencias personales también dejan marca y esa herida a veces perdura años. No es bueno vivir con esa impronta. Como dijo Martin Luther King, todos somos iguales, cada uno de nosotros formamos pare de una red ineludible de reciprocidad atados en una única prenda del destino.

El odio es la mecha de la violencia, apaciguemos y racionalicemos esa emoción para poder convivir, para hacer de este mundo un escenario con mayor sentido y proyección.

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