Síndrome de estocolmo

Sonia Viéitez Carrazoni · 10 marzo, 2013

El síndrome de estocolmo se denomina así, a raíz del trabajo que realizó  un especialista criminólogo sueco Nils Bejerot a finales de los años 70, en el cual  resumió los comportamientos resultantes de un grupo de personas, cuando dos atracadores en un banco de Estocolmo  retuvieron y convivieron con las victimas durante seis días.

Una vez rescatados, algunos cautivos se mostraron amables, empáticos con sus secuestradores, y en algunos casos benevolentes hasta el punto de financiar los gastos de su defensa. Sin duda, un claro ejemplo de lo que es el síndrome de estocolmo.

“Uno se acostumbra al dolor igual que a la vejez, a la vida, a una enfermedad, a un sanatorio o a una cárcel”

-Borges, Jorge Luis-

Víctimas que se identifican con sus agresores

En algunas ocasiones, las víctimas  se identifican inconscientemente con sus agresores, se involucran a nivel emocional con la situación, asumiendo  cierto grado de responsabilidad  por la agresión recibida.

A veces, incluso existe una gratitud intrínseca en algunas víctimas, por haber salido ilesas y con vida de ese episodio. Podríamos decir, que el síndrome de Estocolmo, es un mecanismo de defensa, una reacción que nuestro cuerpo manifiesta, ante una situación incontrolable que sucedió.

Silenciarse

Pero, no podemos dejar de lado que para desarrollar  un síndrome de Estocolmo, el agredido tiene que haberse sentido en algún momento cuidado, sin evidencia de haber padecido un maltrato violento o grave. Es decir, lo más probable, es que haya estado bajo el yugo de un gran manipulador.

La persona que sufre síndrome de estocolmo empatiza con su agresor, lo defiende y siente que sus actos han provocado las situaciones de agresión que se han vivenciado

Muchas veces, asociamos el síndrome de estocolmo solo a aquellas personas que han sido secuestradas. Sin embargo, hay otros escenarios mucho más conocidos, lamentablemente, hoy en día en lo que esto sucede.

Pensemos en todas aquellas personas que son víctimas de maltrato por sus parejas. Pero que siguen ahí, defendiendo la relación y no anteponiendo esa denuncia tan necesaria. De alguna manera, se sienten culpables, pero también agradecidas de seguir vivas o estar bien. Pues el maltrato de sus parejas va de la mano de la manipulación.

El síndrome de estocolmo y las relaciones patológicas

Observando a la víctima, podemos evaluar si se siente identificada con su agresor, tanto en su manera de pensar como en su comportamiento, y si durante un  periodo largo de tiempo, largo perdura esa  gratitud hacia sus agresores.

En la actualidad, algunos profesionales consideran que dicho síndrome, no se debe encasillar exclusivamente a sujetos que han padecido secuestros. Consideran que en casos de mujeres víctimas de  violencia  por parte de su pareja, compañero, padre, etc., se puede observar igualmente una defensa de las mismas hacia sus agresores como mencionamos anteriormente.

Se justifica el maltrato, no se evita esa unión y tampoco se resuelve el conflicto. No se puede escapar de esa terrible cárcel. Una cárcel de la que ellas misma tienen la llave para poder escapar cuando quieran. Es una situación de impotencia para el entorno.

Maltrato psicológico

Este síndrome se puede presentar a raíz de la vulnerabilidad e indefensión producida durante el cautiverio o la situación de maltrato

Estas relaciones patológicas, suceden por un desorden mental  a la hora de aceptar lo dañino y peligroso, y ante un desequilibrio entre la combinación de buenos y malos tratos, optan por valorar exclusivamente lo beneficioso o positivo de esa unión.

El tratamiento terapéutico, el psicoanálisis, y los fármacos administrados por especialistas, son las alternativas  para poder escapar de esta dependencia, y alcanzar la libertad. Cada caso es único, pero con disciplina  y terapia pertinente, tiene altas probabilidades de resolverse.

¿Hay alguien cerca de ti que ha sufrido el síndrome de estocolmo? ¿Lo has vivido tú en tus propias carnes?