Síndrome del incesto emocional: ¿en qué consiste?

Hay niños que se ven obligados a ser el apoyo emocional de sus padres, a escuchar cada problema o necesidad por muy íntima y personal que sea. Son dinámicas abusivas en las que los pequeños asumen un papel que no les corresponde.
Síndrome del incesto emocional: ¿en qué consiste?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 02 agosto, 2022

Son muchas las personas que han llegado a la edad adulta descubriendo, de pronto, que sufrieron el síndrome del incesto emocional. Esta dinámica lesiva no tiene ningún componente sexual. Consiste en convertirse en el confidente obligado de los cuidadores. El padre o la madre busca el apoyo emocional de sus hijos, atribuyéndoles responsabilidades que no les pertenecen.

En un escenario saludable, son siempre los progenitores quienes confieren y brindan ese apoyo a sus hijos y no a la inversa. En caso de que el adulto necesite desahogar sus problemas, inquietudes o malestares, lo más adecuado es hacerlo con la pareja. También con los buenos amigos, la familia o un psicólogo, pero nunca con un niño.

De este modo, la criatura que crece ejerciendo esta función distorsionada termina adoptando de sombra a la culpa. Por un lado, saben que no deberían estar asumiendo ese papel. Por otro, se ven obligados a complacer a esa madre infeliz, a ese padre frustrado, a escucharles y lo que es peor, a darles consejos.

Casi sin saber cómo, acaban siendo su principal apoyo, cuando apenas reciben nada a cambio. Detrás hay unos adultos inmaduros que desconocen el coste psicológico de lo que están haciendo.

Un niño jamás será capaz de comprender y aún menos aconsejar aspectos relacionados con la vida del adulto. No les corresponde y tampoco merecen asumir esa carga.

Padre mirando a los ojos a su hijo representando el síndrome del incesto emocional
Usar a los hijos como confidentes y como apoyo emocional de los padres es una forma de maltrato psicológico.

Síndrome del incesto emocional, niños que renuncian a sus necesidades

El abanico de tipos de maltrato es amplio, y no todos dejan marca en la piel. El abuso psicológico es quizás el más común, el más perverso y el menos comprendido. Tanto es así, que muchas personas no terminan de entender el impacto que tiene en un niño el síndrome del incesto emocional. Hay padres y madres que no dudan en decir aquello de “mi hijo es mi mejor amigo”.

Asumir esta idea es un error de consecuencias profundas, aunque en un primer momento sean invisibles. Porque los hijos necesitan que sus progenitores asuman su rol y no usurpen el de otros, aunque en momentos muy puntuales puedan adoptar posturas más propias de un amigo.

De manera global, las dinámicas que trazan un tipo de vínculo y otro son muy diferentes. Sin embargo, abundan los adultos que entienden la relación con un niño como simétrica, en la que recaerían sobre este una serie de expectativas que simplemente por madurez o recursos no va a poder cumplir.

Entendemos el síndrome del incesto emocional como una relación desadaptativa entre los padres/madres y los hijos, en la que los primeros recurren a los niños para satisfacer sus necesidades emocionales y relacionales. Cabe señalar que estamos ante una realidad clínica poco investigada, y que fue descrita por primera vez en los años 90 por la doctora Patricia Love, en su libro The Emotional Incest Syndrome: What to do When a Parent’s Love Rules Your Life (1991).

 “Te tengo a ti, eres todo mi mundo. No necesito a nadie más”.

-Ejemplo de un comentario de un padre o madre que ejerce el incesto emocional con su hijo-

¿Cómo se desarrolla el incesto emocional?

En el incesto emocional el progenitor no trata a su hijo como un niño, sino como un igual. No ejerce el papel de cuidador, puesto que en este caso se priorizan en exclusiva las necesidades del adulto. Nada más.

  • El padre o la madre busca la compañía del hijo cuando se siente triste o solo.
  • Después de una discusión o problema con la pareja, el adulto recurre a su hijo para desahogarse.
  • Comparten con los niños sus preocupaciones, miedos, problemas… Incluso los de pareja o los que atañen a su vida sexual (en este tipo de casos, lo que los adultos suelen hacer es un relato modificado de lo que sucede. Normalmente, son adultos poco conscientes de las limitaciones del niño, pero no inconscientes).
  • Asimismo, les piden sus consejos y opiniones a la hora de actuar en esas dimensiones problemáticas.
  • Los niños se ven obligados, desde edades tempranas, a actuar de manera más madura que sus progenitores. Esto termina aniquilando su infancia.

Por otro lado, y por si esas dinámicas no fueran suficientes, también les piden otra realidad. Les exigen lealtad y las frases que utilizan pueden ser las siguientes: “no le digas a papá o a mamá nada de lo que hablamos. Esto es entre tú y yo porque somos buenos amigos”.

El niño puede sentirse al principio como un privilegiado al ver cómo su padre o su madre establece esa relación tan estrecha con él. Le da cierta sensación de madurez. Sin embargo, poco a poco, esa complicidad se vuelve una carga. Pueden sentir incomodidad y malestar al escuchar cómo los adultos les revelan ciertas confidencias que no son propias para su edad.

¿Qué efectos tiene el síndrome del incesto emocional a corto y largo plazo?

El síndrome del incesto emocional deja secuelas psicológicas en el niño. Esas que arrastrará en la edad adulta. De hecho, la Universidad Anadolu desarrolló una escala para identificar esta condición. El estudio publicado en el 2021 ofrece unas pistas concretas para identificar sus efectos.

Efectos en los niños

  • Sentimientos de incomodidad hacia uno mismo. Los niños no se sienten a gusto ejerciendo ese rol y desarrollan sentimientos de culpa y autorrechazo.
  • Se sienten responsables del estado emocional de los padres.
  • Los niños envidian la relación que sus compañeros de clase tienen con sus progenitores. Sufren por no tener la protección y el soporte de unos padres maduros.
  • Desarrollan conductas ansiosas y problemas para dormir. Además, es fácil identificar en ellos cambios de humor muy marcados.
  • Tienen problemas para construir amistades sólidas.
  • Son muy perfeccionistas y autoexigentes.
  • Desarrollan una baja autoestima al asumir que sus necesidades no son importantes.

Efectos en la adultez

  • Por término medio, tienen problemas para independizarse de sus padres. A pesar de llegar a la edad adulta, es común que sigan vinculados a ese progenitor que lo usa como confidente.
  • Se convierten en adultos orientados a complacer a los demás.
  • Tienen problemas para construir relaciones de pareja sólidas y satisfactorias.
  • Anteponen las necesidades de los demás a las suyas.
  • Pueden desarrollar desde depresiones, trastornos de la conducta alimentaria (TCA), hasta conductas de adicción a las drogas o al alcohol.

El incesto emocional acontece sobre todo cuando la relación de pareja se ha roto y uno de los adultos usa a su hijo como su apoyo cotidiano.

Mujer triste pensando en el síndrome del incesto emocional
El síndrome del incesto emocional es una forma de abuso infantil. El problema es que cuesta detectarlo y, por lo general, se hace en la edad adulta.

¿Cómo se trata este problema?

Lo más importante en estos casos es tomar conciencia de que uno ha sido víctima del incesto emocional. Así, y por llamativo que nos parezca, no todas las personas son conscientes de ello. Uno llega a la edad adulta con muchos problemas, pero rara vez se relaciona esa depresión, o esa dificultad para lograr relaciones de pareja felices, con el vínculo construido con los progenitores.

¿No se supone, al fin y al cabo, que nada es tan importante como tener una buena confianza y relación padre-hijo? Lo cierto es que sí, pero todo tiene un límite, y el límite está en que el adulto no puede hablar de todo con su hijo, ni debe cargarle con responsabilidades que no le corresponden.

En estos casos será necesaria la terapia psicológica. También reformular ese vínculo padre/madre-hijo en caso de estar presente y de seguir con la misma dinámica. Estamos ante un tipo de trauma que es necesario sanar, habilitando además a la persona en hábitos relacionales más saludables, fortaleciendo la autoestima y la identidad.

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