Síntomas de la indefensión aprendida que debes conocer

La indefensión aprendida suele tener su origen en la infancia. Las experiencias tempranas de impotencia y desesperanza pueden hacer que en la edad adulta se instale el pensamiento de que hagamos lo que hagamos nada puede cambiar.
Síntomas de la indefensión aprendida que debes conocer
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 01 julio, 2021.

Última actualización: 01 julio, 2021

Los síntomas de la indefensión aprendida se integran a menudo en la propia personalidad. Poco a poco, la persona acaba asumiendo que no puede hacer nada para cambiar su realidad, para defenderse de lo que duele o transformar lo que no le agrada. Todo queda fuera del control de uno y la vida parece cada vez más amenazante y desoladora.

Buena parte de condiciones psicológicas, como la depresión, albergan en sus cimientos esta estructura. Así, cuando la persona deja de confiar en su autoeficacia abandona también la ilusión por conquistar toda meta, por situar en el horizonte nuevos proyectos de bienestar. Día a día el mundo se vuelve un poco más gris y la mente un espacio con menos ventanas para atisbar otras perspectivas.

Buena parte de quienes evidencian esta realidad mental se sienten víctimas. No solo se menosprecian, sino que además piensan que su situación es resultado del destino y que nada puede hacerse para cambiar esto. Resulta complicado cambiar su visión de las cosas, por ello, es esencial detectar lo antes posible su sintomatología para actuar antes de que aparezca el abismo de la depresión.

Dimensiones como la resiliencia, la autoestima y la autocompasión son nutrientes básicos que pueden desactivar la indefensión aprendida.

Niño triste mirando por la ventana representando los síntomas de la indefensión aprendida

7 síntomas de la indefensión aprendida

Si hay algo que todos damos por sentado es que nuestro cerebro actúa siempre en nuestro beneficio. Una de sus premisas es garantizar la supervivencia y mediar en nuestra felicidad. Ahora bien, hay excepciones y pequeños matices. Un ejemplo, cuando a alguien le pasan cosas adversas lo más común es pensar que esa persona actuará para cambiar su situación.

Sin embargo, en caso de padecer indefensión aprendida, lo que uno hace es no reaccionar ante la adversidad. Se rinde, no actúa ni reacciona porque la experiencia le ha demostrado que no sirve de nada responder ante lo que duele porque nada cambia. Esta realidad psicológica se da sobre todo en personas que han sufrido infancias traumáticas.

Martin Seligman y Stephen Maier fueron los que acuñaron este término en los años 60. En un estudio evidenciaron que esas vivencias aversivas generaban alteraciones en la actividad serotoninérgica de la corteza prefrontal, lo cual se traducía en algo muy concreto. Cuando una persona es expuesta a situaciones dolorosas de forma repetida, el cerebro acaba inhibiendo la conducta de escape. Se asume que nada va a cambiar esa situación y que lo mejor es rendirse.

En la edad adulta, los síntomas de la indefensión aprendida siguen mediando el pensamiento y conducta de la persona. De manera que es común ver las siguientes dinámicas:

1. Baja motivación

La baja motivación es una constante en la vida de la persona con indefensión aprendida. No solo aplica este enfoque cuando aparecen problemas o desafíos ante sí. Esa falta de empuje, de resolución e ilusión impregna cada área de su existencia. No son personalidades que hagan grandes proyectos, que terminen lo que empiezan o que se comprometan en objetivos.

2. Fobias e inseguridades

Uno de los síntomas de la indefensión aprendida es la inseguridad constante. No confían en sus recursos, sus habilidades y su potencial. Además, y desde un punto de vista clínico, es común que evidencien más de una fobia (a la suciedad, a volar, a los espacios abiertos con mucha gente, etc.).

3. Locus de control externo: nada depende de mí

Este es uno de los aspectos más distintivos de esta realidad psicológica. La persona con indefensión aprendida asume que nada está bajo su control. Si no consigue trabajo, si suspende un examen o no logra algo en concreto, todo se debe a la mala suerte, al destino, a esas fuerzas ocultas que nadie puede dominar.

4. Pesimismo crónico, uno de los síntomas de la indefensión aprendida

Cuando una persona ha estado sometida a una situación adversa de manera continuada, tiende a rendirse, sobre todo si esas vivencias acontecieron en la infancia. La realidad adquiere otro cariz para quien ha conocido el sufrimiento de manera tan continuada. Esto hace que se integre un pensamiento derrotista y pesimista.

La esperanza falla y la ilusión es una entidad ausente que rara vez aparece en la mente de la persona con indefensión.

5. Sentimientos de soledad: nadie me entiende

Uno de los síntomas de la indefensión aprendida es la sensación de soledad constante. Quien ha conocido el sufrimiento piensa que nadie puede entenderle y esto acaba alzando muros que los separan de los demás.

6. Los pensamientos irracionales

Ya lo señaló en su día el terapeuta Albert Ellis, algo que define a la persona con indefensión aprendida son los pensamientos irracionales. Es pensar que no merecen ser felices, que la vida les castiga, que nada puede hacerse por cambiar.

Mujer pensando en los síntomas de la indefensión aprendida

7. Ansiedad y depresión, dos derivas en las que es muy fácil caer

Los síntomas de la indefensión aprendida conforman las bases de muchos trastornos del estado de ánimo. La ansiedad y la depresión son dos condiciones mentales que orbitan con frecuencia en estas personas. Lo complejo es que estos pacientes son muy reacios a la hora de solicitar ayuda experta.

Asumen que nada puede ayudarlos. Su actitud pasiva dificulta cualquier movimiento que promueva un cambio hacia su bienestar y por ello es esencial el apoyo de la familia, la pareja, los amigos, etc.

En estos casos, la terapia cognitivo-conductual es la más útil para identificar patrones de pensamientos negativos, esos que refuerzan el desamparo aprendido. Ayudar a que la persona reemplace esas ideas por enfoques más saludables y racionales será la estrategia terapéutica más importante. Es posible, por tanto, emerger del pozo de la indefensión, pero necesitamos apoyo. Esa es la clave.

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