Tres grandes dilemas filosóficos

Edith Sánchez·
27 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
27 Diciembre, 2019
Las paradojas filosóficas son razonamientos que nos presentan contradicciones o ambivalencias, básicamente imposibles de resolver del todo. Varias de ellas han sido objeto de controversia durante varios años, e incluso varios siglos.
 

Los grandes dilemas filosóficos son razonamientos que han hecho algunos pensadores y que llevan a interesantes paradojas. Lo que hacen es sopesar dos argumentos. Uno de ellos implica contradicciones para el otro. Eso lleva a que una de las dos afirmaciones, necesariamente, debe ser verdadera. Por lo tanto, la otra será falsa.

Lo interesante de esos grandes dilemas filosóficos es que han puesto en tela de juicio algunas ideas o posicionamientos que son una verdad absoluta para muchos. Al menos desde el punto de vista de la lógica, esos dilemas prueban que esas “verdades” no son tan verdad como muchos quieren creer.

Aunque con frecuencia esos dilemas filosóficos hayan adquirido un carácter anecdótico, lo cierto es que también han dado lugar a grandes controversias y debates encendidos. Se han abierto varios a lo largo de la historia, pero en esta oportunidad vamos a abordar solo tres de los más famosos.

La vida se nos presenta en un dilema insoportable: lo que vale no dura; lo que no vale se eterniza”.

-Ramiro de Maeztu-

Mujer pensando en la conversación sobre de eso no se habla

1. El acertijo de Epicuro

El acertijo de Epicuro, también conocido como “el problema del mal”, es uno de esos grandes dilemas filosóficos de la historia.

 

Epicuro fue un importante filósofo griego que vivió antes de Cristo. Por eso, llama mucho la atención que su acertijo vaya dirigido a varios argumentos que son pilares del cristianismo, aunque en realidad apuntan a todas las religiones monoteístas.

Este acertijo parte de una premisa de muchas religiones, que dice: Dios es un ser omnipotente, omnisciente y omnibenevolente. Es decir que Dios lo puede todo, lo sabe todo y hace el bien en todas las circunstancias. Frente a este planteamiento, Epicuro se pregunta: ¿entonces por qué existe el mal?

Finalmente, propone su paradoja o su dilema en estos términos:

  • Existe el mal porque Dios quiere prevenirlo, pero no puede hacerlo. Entonces no es omnipotente.
  • Existe el mal porque Dios desea que exista. Entonces no es omnibenevolente.
  • Si Dios puede eliminar el mal y quiere hacerlo. Entonces, ¿por qué no lo hace?
  • Si Dios no puede eliminar el mal y no quiere hacerlo. Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?

2. La apuesta de Pascal, uno de los grandes dilemas filosóficos

Blaise Pascal era un gran filósofo y matemático, autor de uno de los dilemas filosóficos más famosos: la apuesta de Pascal. También tiene que ver con la existencia de Dios. Lo que plantea Pascal básicamente es que creer en Dios es una buena apuesta, en términos de probabilidades.

Específicamente lo señala de esta manera: “La razón es que, incluso cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna”.

 

Dicho de otra manera, si creemos en Dios y este no existe, esto solo nos llevaría a tratar de vivir una existencia más recta, con lo cual no perdemos nada. En cambio, si no creemos en Dios y este existe, perderíamos la gloria eterna. La mejor apuesta sería, según esta lógica, la fe.

Este dilema filosófico ha sido fuertemente criticado, ya que está basado en la conveniencia. Voltaire lo calificó como un dilema “indecente e infantil”. También se le ha catalogado como un falso dilema, pues solamente parte de la posibilidad de existencia del dios judeo-cristiano, que es el que promete la  vida eterna para quien cree.

Pájaros alrededor de manos

3. La mala fe de Sartre

El dilema filosófico planteado por Sartre se conoce como “La mala fe”. Sartre señala que el ser humano es absolutamente libre y, por lo tanto, responsable de su conducta. Pese a esto, a la hora de asumir la responsabilidad por esa libertad, la gente elige cosificarse, es decir, actuar como si fuesen el objeto de la voluntad de otros.

Un ejemplo de ello son los criminales de guerra. A lo largo de la historia, muchos de ellos han ido a juicio y han justificado sus actos bajo la premisa de que “estaban siguiendo órdenes”. En otras palabras, no estaban actuando por voluntad propia, sino bajo un estado de coerción. Por lo tanto, no serían responsables de los crímenes cometidos.

 

La paradoja consiste en que hay un punto en el que la persona elige actuar con maldad, por lo cual sería libre de hacer esto y no otra cosa. A la vez, niega su libertad de elección, al señalar que hace lo que hace porque está coaccionado. En eso estriba la mala fe.

Para Sartre, en todas las circunstancias el ser humano es libre de actuar. Lo que no siempre hace es asumir las consecuencias de ese acto.

López-Silva, P. (2013). Realidades, Construcciones y Dilemas: Una revisión filosófica al construccionismo social. Cinta de moebio, (46), 9-25.