Forma en que nos amaron de niños: ¿cómo nos influye?

Cómo nos amaron de niños explica muchas veces el tipo de amor que acabamos tolerando. Aunque en la infancia nos educaran con un afecto frío y doloroso, siempre estamos a tiempo para romper ese patrón afectivo. Lo analizamos.
Forma en que nos amaron de niños: ¿cómo nos influye?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 27 mayo, 2021.

Última actualización: 27 mayo, 2021

Todos hemos escuchado eso de “recibes el amor que crees merecer”. Lo cierto es que la forma en que nos amaron de niños determina en muchos casos el tipo de afecto que esperamos recibir de los demás. Buena parte de nuestras relaciones de pareja y la calidad de las mismas viene mediada por el tipo de vínculo establecido con nuestros cuidadores.

Hace ya más de 50 años que el psicólogo Albert Ellis señaló que el momento en que el amor de unos progenitores deja de ser incondicional aparecen los problemas en el desarrollo emocional del niño. Esos primeros patrones en materia de validación, de afecto —o desafecto— edifican nuestra primera percepción sobre las relaciones interpersonales.

Tanto si lo queremos como si no, es en la infancia y adolescencia donde se asienta nuestro relato psicológico sobre cómo es el amor humano. Unas experiencias previas enriquecedoras nos confieren seguridad y confianza. Unos primeros años habitados por las carencias o el miedo nos vuelve criaturas hambrientas (y hasta temerosas) de cualquier tipo de amor…

Las investigaciones nos dicen que tener progenitores afectuosos nos permite desarrollar relaciones más sólidas y felices en la edad adulta.

Mujer en silencio dando la espalda a su pareja representando el efecto de la forma en que nos amaron de niños

La forma en que nos amaron de niños: modo en que nos determina

Tan importante como alimentar, cuidar y darle un hogar a un niño es nutrirlo con un amor saludable. Así, y si bien es cierto que nadie llega a este mundo con el manual para ser el padre o la madre perfecta, hay un hecho indiscutible. Sabemos que es indispensable que nuestros niños se sientan queridos, validados en cada necesidad, acompañados en cada paso, seguros en cada circunstancia.

La forma en que nos amaron de niños nos determina para bien o para mal. Así, estudios como los realizados en la Universidad de Harvard evidencian cómo la calidez afectiva de los padres media en el florecimiento psicológico de los niños. Por otro lado, experimentar realidades como el maltrato, la desatención o la falta de apego se relaciona con la aparición de problemas de salud mental en algún momento.

Todo lo que sucede en la infancia tiene su impacto en la edad adulta. Por ejemplo, la sobreprotección nos vuelve susceptibles y ansiosos a nivel relacional. Los maltratos físicos y psicológicos trazan a menudo una clara dificultad para mostrar sentimientos. Asimismo, las marcas de la violencia vividas en piel propia u observadas en el seno familiar, median también en el tipo de relaciones que se establecen el día de mañana.

El tipo de apego vivido en la infancia y su impacto en la edad adulta

Una de las teorías más comunes a la hora de explicar por qué la forma en que nos amaron de niños determina nuestra vida adulta es la que definieron los psicólogos Cindy Hazan y Phillip Shaver. Fue a finales de los 80 cuando enunciaron su teoría del amor en un estudio basándose en los tipos de apego definidos por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby.

Lo analizamos a continuación:

  • Apego inseguro-ambivalente. En este tipo de apego el niño cuenta con uno o dos progenitores imprevisibles en su trato. A veces están disponibles y son afectuosos. Más tarde, pueden mostrarse fríos, agresivos o desatenderlos por completo. Esto provoca que el día de mañana podamos tener adultos celosos, aprensivos, con temor al abandono, inseguros y hasta contradictorios; de los que hoy pueden mostrarse muy vinculados y mañana muestran distancia.
  • Apego inseguro-evitativo. Otro tipo de apego problemático es ese en el que las demandas y necesidades del pequeño son desatendidas. Se ridiculiza al niño llamándolo débil por necesitar de cercanía y afecto. Se invalidan sus emociones, se vulnera su personalidad, su dignidad y autoestima. La forma en que impacta este tipo de apego en el adulto es evidente: para él el afecto es una amenaza, el amor duele y traiciona así que es mejor evitarlo. Rara vez lograrán una intimidad auténtica.
  • Desorganizado. Este es el tipo de apego más dañino. En este caso, los cuidadores se muestran violentos y edifican en la mente del niño la marca de un trauma. El efecto que esto puede tener en el plano relacional el día de mañana es muy complejo y hasta contradictorio: aparece la inestabilidad, la falta de confianza, la necesidad de apego excesivo…
  • El apego seguro. Desarrollarnos con unos progenitores capaces de darnos seguridad en cada ámbito, revierte de manera directa en el bienestar. Cuando crecemos sintiéndonos amados, nos convertimos —por término medio— en adultos que saben amar.
Madre castigando a su hija representando a la forma en que nos amaron de niños

El amor que nos dieron no siempre es el que merecíamos

La forma en que nos amaron de niños nos condicionó de algún modo, es cierto. Nuestros progenitores nos modelaron, contaron con la oportunidad de enseñarnos el valor y la calidez de los abrazos. Nos educaron con gritos o con refuerzos emocionales. Fueron ellos los que nos dieron alas para volar o cadenas para pensar que no merecíamos luchar por nuestros sueños.

Sus palabras se instalaron en nuestra mente y es posible que aún ahora les sigamos dando veracidad. Todo ese legado psicológico tiene su impacto también en el modo en que amamos a nuestras parejas. Ahora bien, ¿somos prisioneros de la educación y trato recibido en la infancia? No debería ser así. Siempre estamos a tiempo de romper ese modelo, esos patrones.

Algo que debemos tener claro es que merecemos un amor enriquecedor, bueno y saludable. Sin embargo, no podremos recibirlo de los demás si no nos consideramos merecedores de ello. Y para lograrlo, debemos empezar por ser nuestros mejores suministradores. El amor propio y la autoestima deben sanear muchas de esas heridas de infancia.

Solo cuando nos amemos de verdad, lograremos amar a otros de manera madura para poder construir, a su vez, relaciones felices y estables.

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  • Shaver PR, Hazan C. A Biased Overview of the Study of Love. Journal of Social and Personal Relationships. 1988;5(4):473-501. doi:10.1177/0265407588054005