El desgarrador poema de amor de un hombre con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 22 agosto, 2017
Raquel Aldana · 22 agosto, 2017

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es un tipo de trastorno de ansiedad que maneja “a su son” los pensamientos, emociones y comportamientos de las personas que lo sufren. Uno de los síntomas que más limitan la vida de estas personas es el de sentirse obligadas a repetir constantemente palabras, pensamientos o acciones para aliviar el malestar que sus razonamientos y emociones les generan.

Pero… ¿qué son las obsesiones? Son ideas ideas, pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes, persistentes o absurdos, de naturaleza involuntaria o egodistónica (desagradables e intrusivos). No son preocupaciones excesivas acerca de problemas reales, más bien son temores que surgen a partir de problemas anticipados poco probables. Por otro lado, causan un importante malestar a la persona a pesar de que esta es capaz de reconocer que estas ideaciones son un producto exclusivo de su mente.

En gran parte de los casos clínicos se ha observado que la persona puede renunciar a resistirse a la obsesión, pues la pelea por eliminarla de su mente puede llegar a ser extenuante.

El otro término que participa en la definición del trastorno es el de compulsión. La compulsión debe ser entendida como una conducta repetitiva que se realiza en respuesta a una obsesión, según determinadas reglas o de modo estereotipado. No persigue un fin en sí mismo, sino que está destinada a producir o prevenir determinadas situaciones o estados. Esta manera de “resolver” no es un solución racional (cerrar y abrir x veces el coche) o bien puede serlo, pero resulta claramente desproporcionada (lavarse x veces las manos).

Pongámonos en situación para ejemplificar el tándem obsesión-compulsión. Una persona con Trastorno Obsesivo-Compulsivo puede estar conduciendo y, de repente, pensar que algo malo le puede suceder a su familia. Sabe que ese temor es producto de su mente, pero siente la necesidad de morder la ventanilla del coche 3 veces seguidas con objeto de “evitar que algo les ocurra”. Es un razonamiento irracional; sin embargo, el impulso compulsivo, junto con la resistencia, determina que finalmente lo haga. El acto no es en sí mismo placentero para esa persona, pero el caso es que resulta efectivo en ese momento para reducir su ansiedad.

mujer con ansiedad

El desgarrador y emocionante poema de amor de un hombre con TOC

El amor y el desamor son sentimientos muy profundos que todos o casi todos experimentamos o buscamos experimentar. Sin embargo, poco o nada se habla de cómo pueden experimentar el amor y el desamor las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

En este sentido, pensemos que estos sentimientos constituyen un pilar básico en la experiencia emocional humana. Así, si bien es cierto que no hay manera de describir o teorizar una vivencia sentimental tan única, el hecho de que una persona comparta con el mundo sus afectos, poniendo por bandera su problema, nos ayuda a acercarnos a ellos y a validar sus experiencias.

No debe ser fácil ni para la persona con TOC ni para la pareja. Esto es lo que nos deja claro Neil Hilborn, un escritor y poeta estadounidense con TOC que quiso poner voz al proceso de enamoramiento de su mente, así como a lo que la ruptura ha supuesto para él y para el establecimiento de sus obsesiones y compulsiones cotidianas.

A continuación compartimos la transcripción del poema por si se quiere conservar o repasar el texto tras el visionado del vídeo, el cual resulta verdaderamente emocionante.

La primera vez que la vi…
Todo en mi cabeza se silenció
Todos los tics, las imágenes constantes desaparecieron.
Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.

Inclusive en la cama estoy pensando:
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí

Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de la horquilla de sus labios.
O la pestaña en su mejilla
La pestaña en su mejilla
La pestaña en su mejilla…

Sabía que debía hablar con ella
La invité a salir seis veces en treinta segundos.
Ella dijo que sí después de la tercera,
pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien así que tenía que seguir haciéndolo.

En nuestra primera cita,
pasé más tiempo organizando mi comida por colores de lo que pasé comiéndola o hablando con ella.
Pero le encantó.

Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme 16 veces o 24 si era miércoles.
Le encantaba que me tomaba todo el tiempo caminar hacia casa porque había muchas grietas en la banqueta.

Cuando nos mudamos juntos ella dijo que se sentía segura,
como si nadie nos fuera a robar porque definitivamente había cerrado la puerta 18 veces.

Yo siempre veía su boca cuando hablaba.
Cuando hablaba.
Cuando hablaba.
Cuando hablaba.
Cuando hablaba.

Cuando me dijo que me amaba, su boca se curvaba hacia arriba en los bordes.
En la noche ella se acostaba en la cama y me veía apagar todas las luces y prenderlas, apagarlas y prenderlas, apagarlas y prenderlas, apagarlas y prenderlas, apagarlas y prenderlas, apagarlas y prenderlas.
Ella cerraba los ojos y se imaginaba que los días y las noches pasaban frente a ella.
Algunas mañanas empezaba a besarla para despedirme y ella sólo se iba porque estaba haciéndola llegar tarde al trabajo.

Cuando me detenía en las grietas de la banqueta ella seguía caminando.
Cuando me decía que me amaba su boca era una línea recta.
Me dijo que estaba tomando mucho de su tiempo.

La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.
Me dijo que nunca debió dejarme apegarme tanto a ella; que todo esto fue un error,
pero… ¿Cómo podría ser un error que no tenga que lavarme las manos después de tocarla?

El amor no es un error y me está matando que ella pueda salirse de esto y yo no.
No puedo.
No puedo salir y encontrar a alguien nuevo porque siempre pienso en ella.
Usualmente, cuando me obsesiono con algo, veo gérmenes escabulléndose en mi piel.

Me veo a mí mismo siendo atropellado por una infinita línea de coches.
Y ella fue la primera cosa hermosa en la que alguna vez me he estancado.
Quiero despertar todas las mañanas pensando en la manera en la que agarra el volante.

Cómo mueve las manijas de la regadera como si estuviera abriendo una caja fuerte.
En cómo sopla las velas
cómo sopla las velas
cómo sopla las velas
cómo sopla las velas
cómo sopla…

Ahora sólo pienso en quién más está besándola.
No puedo respirar porque él sólo la besa una vez­ ¡No le importa si es perfecto!
La quiero de regreso tanto que…
Dejo la puerta sin cerrar.
Dejo las luces prendidas.

Autor: Neil Hilborn

mujer con rostro proyectado

¿Cómo convivir con una persona con TOC?

Las personas que conviven al lado de una persona con Trastorno Obsesivo-Compulsivo deben comprender que las obsesiones y las compulsiones escapan de la voluntad del afectado/a. Una persona TOC puede ser o no ser consciente de lo irracional de sus pensamientos y actos, pero no puede controlarlos sin ayuda.

No se debe juzgar a la persona ni intentar evitar la realización de rituales, pues le generarán mayor tensión y le abrirán una herida aún mayor. No se puede persuadir a la persona para que no piense o actúe de determinada manera, se debe acoger a la persona con paciencia y afecto.

Tampoco se debe formar parte de los rituales. El apoyo debe formar parte del día a día, sin esconderse ni dejar que estilos de comunicación pasivos cercenen la comprensión y la aceptación. Hay autores que nos hablan de negociar los límites con la persona con TOC de la siguiente manera: “Como te quiero, rechazo participar en una conducta dañina”; “sé que es duro y que puede alterarte, pero es mejor si no llevo a cabo este ritual por ti”; “el doctor me ha instruido para que no participe, y él sabe de lo que habla, y hemos decidido confiar en su juicio”.

Por último, no podemos terminar sin destacar la necesidad de buscar ayuda psicológica y psiquiátrica especializada en el tratamiento del TOC. Así, tanto la persona afectada como el entorno deben recibir el apoyo de un profesional cualificado que les ayude a manejar la situación y a mejorar la convivencia cada día.