Los procesos de adaptación: la asimilación y la acomodación

Alejandro Sanfeliciano · 31 mayo, 2018

El ser humano, al igual que el resto de seres vivos, tiene que adaptarse a su ambiente si quiere sobrevivir. De hecho, el epistemólogo, psicólogo y biólogo Jean Piaget decía que una de las características más importantes que distingue a los seres vivos es que son sistemas autorregulados, es decir, son capaces de mantener sus estructuras recuperándolas y restaurándolas cuando se ven alteradas o dañadas. De esta forma, los seres vivos tienen como objetivo alcanzar un estado de equilibrio, el cual se logra a través de unos procesos de adaptación.

Además, Piaget entendía ese estado de equilibrio no como un estado de reposo, sino como un proceso activo y dinámico. Por lo tanto, es necesario cambiar continuamente las respuestas dadas a fin de compensar las variaciones que presenta el medio. Ahora bien, ¿cómo se logra este equilibrio? A través de dos procesos de adaptación contrapuestos, aunque en cierta medida son complementarios, son la asimilación y la acomodación.

Antes de profundizar en estos procesos de adaptación es conveniente entender primero el término “esquema”. Desde la teoría de Piaget, un esquema es un patrón de conducta o mental organizado que representa un modo característico de interaccionar con el medio. De este modo, todo concepto o acción se puede integrar dentro de un esquema, y estos en su conjunto forman la realidad del individuo.

Asimilación

La asimilación es el proceso por el que los esquemas previos se imponen sobre los nuevos elementos, modificándolos para así integrarlos. De la misma manera que el organismo físico asimila la nueva materia, al alimentarnos y hacer la digestión; también es necesario asimilar la nueva información a las estructuras intelectuales ya existentes.

Niño cerebro

Este es un proceso por el cual se modifican las creencias sobre el ambiente para adaptarse al medio según las necesidades y demandas. De este modo, las nuevas experiencias tratan de amoldarse a las formas previas de conocimiento y de acción. Y por esto, decimos por tanto que la interacción adaptativa entre el organismo y el medio tiene de entrada un carácter “asimilatorio”.

Ahora bien, a pesar de la fuerza de resistencia que oponga el esquema, si un elemento es muy disonante será imposible asimilarlo. Un ejemplo de ello, es cuando un niño pequeño ve por primera vez un caballo y lo llama “perro grande”. Esto nos muestra como la nueva información (caballo) ha sido asimilada a un concepto existente “perro”, aunque tarde o temprano esa asimilación dejará de tener validez.

Acomodación

La acomodación es el proceso por el cual se modifican los esquemas previos en función de la variaciones externas. Es decir, alteramos nuestras construcciones acerca del medio que nos rodea acorde a la nueva información entrante. Esto supone, al contrario que la asimilación, un cambio interno para lograr así el estado de equilibrio adaptativo.

Este proceso suele ocurrir cuando la asimilación no puede mantener la disonancia existente o es incapaz de incorporan la información nueva a esquemas previos. Por lo tanto, si el individuo quiere interactuar con la nuevas experiencias, no tendrá más remedio que acomodarse a esta situación, reestructurando sus estructuras intelectuales disponibles.

Siguiendo el ejemplo anterior, la acomodación es cuando el individuo ve que el “perro grande” (caballo) empieza a distar demasiado de la categoría “perro”; por lo que se ve forzado a cambiar sus concepciones previas y crear una nueva categoría que sea “caballo” y otorgarle un esquema propio.

Pizas de puzzle

Relación entre los procesos de adaptación

Es importante entender que, a pesar de que estos dos procesos de adaptación (asimilación y acomodación) son contrapuestos, también son complementarios. Para lograr la adaptación correcta, hace falta que ambos procesos se equilibren adecuadamente y que cumplan su función. Además, no existen las “asimilaciones” o “acomodaciones” puras, sino que siempre se trata de una combinación de ambas en distinta proporción. Así, la asimilación y la acomodación son dos caras de la misma moneda.

Para Piaget la asimilación y la acomodación no eran solo simples procesos de adaptación, también eran el motor del desarrollo. En cada estadio evolutivo, el sujeto asimila toda la nueva información que le llega, hasta que su cognición no tolera más incongruencias. Es entonces cuando tiene que dar el salto cualitativo a otro estadio, haciendo uso para ello de la acomodación. Y de esta manera, asimilando y acomodando, el individuo va desarrollándose hacia estadios superiores.