¿Qué es la psicología arquetipal?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 6 mayo, 2018
Marcos Merino · 6 mayo, 2018

Los seres humanos ya empezamos dando nuestros primeros pasos creyendo en dioses: entidades preternaturales que personificaban atributos, fuerzas y valores universales (la Noche, la Justicia, el Tiempo, los Mares, etc.), y que nos permitían concebir el conjunto del cosmos como un teatro en el que esas fuerzas interactuaban, dando sentido a la realidad, y como parte de la misma, a la propia vida.

La propuesta teórica de la psicología arquetipal parte de la base de que nuestra afinidad por esas personificaciones no desapareció cuando el politeísmo dio paso, en la mayor parte del mundo, al culto monoteísta.

“Sobre esta propensión a ver esclarecedores universales en el caos de la vida”, señala el historiador cultural Richard Tarnas, “edificó Platón su metafísica y su teoría de conocimiento”. Platón, al igual que su maestro Sócrates, opinaba que “la mayor certeza se halla en la mayor abstracción” y llamó “arquetipos” (forma primera) a esos universales. Sería, sin embargo, su propio discípulo Aristóteles quien iniciaría el giro hacia lo concreto, un cambio de rumbo que ha dado forma al pensamiento científico.

Tuvo que ser Sigmund Freud quien redescubriera siglos después que, cuando sueña, nuestro inconsciente se expresa mediante símbolos interpretables, dotados para nosotros de un significado. A partir de ahí, su discípulo Carl Gustav Jung descubrió el paralelismo entre esas imágenes simbólicas y las extraídas de antiguos mitos (El Héroe, la Sombra, el Anciano Sabio, etc.): las ‘fábulas primitivas’ que el pensamiento moderno había despreciado seguían vivas en nuestra psique.

Jung

Jung también teorizó sobre la existencia de un ‘inconsciente colectivo’ y no sólo individual, dado que los símbolos aparecían incluso en pacientes que lo desconocían todo de la mitología antigua. Así, la escuela de psicología analítica jungiana emprendió una labor de estudio sobre el modo en que las figuras arquetípicas de los mitos influyen, aún hoy, en nuestras vidas.

La psicología arquetipal, contra el ego y el materialismo

Dos años antes de la muerte de Jung en 1961, un joven psicólogo llamado James Hillman se convertía en director de estudios del Instituto C.G. Jung de Zurich. En los siguientes años se formaría en torno a él una pequeña comunidad de investigadores que terminarían rompiendo con la escuela analítica (si bien no con las raíces del pensamiento jungiano) para fundar la psicología arquetipal.

Esta se distancia de las prioridades de la psicología analítica para poner el foco en el control ilusorio que el ego ejerce sobre nuestra vida y en el modo en que nuestra psique es construida -en el fondo- a través de una ‘pluralidad de arquetipos’. La fuente del conocimiento ya no es el “Yo” cartesiano, sino más bien ese mundo lleno de imágenes que este Yo habita.

La psicología arquetipal ha mantenido un discurso crítico hacia las principales escuelas de pensamiento psicológico (como el conductismo o la psicología cognitiva), a las que acusa de reduccionismo por adoptar la filosofía y la praxis de las ciencias naturales, de ser en definitiva “psicologías sin psique” (‘alma’, en griego).

Para Hillman, la psique se manifiesta en la imaginación y la metáfora: “mi trabajo se encamina hacia una psicología del alma basada en una psicología de la imagen. Estoy sugiriendo una base poética de la mente y una psicología que no arranca de la fisiología del cerebro ni de la estructura del lenguaje ni de la organización de la sociedad ni del análisis de la conducta, sino de los procesos de la imaginación”.

El camino está en los dioses y las ficciones

“Si una psicología quiere representar fielmente la diversidad real del alma, no puede dar por sentada desde el principio, insistiendo en ella con prejuicio monoteísta, la unidad de la personalidad”, proclama Hillman. Por ello, la psicología arquetipal tiene una faceta politeísta y algunos autores hablan, simbólicamente, de “dioses” para referirse a la “pluralidad de arquetipos”.

Mujeres espirituales

Así Hillman, en su libro Puer Papers, afirma que “los dioses están dentro… y están dentro de nuestros actos, ideas y sentimientos. No tenemos que aventurarnos a lo largo de los espacios estrellados, el cerebro de los cielos, o sacarlos de su ocultamiento con fármacos alucinógenos. Están ahí en las precisas maneras en que uno siente y piensa y experimenta sus humores y síntomas”.

También Patrick Harpur, en su obra El Fuego Secreto de los Filósofos, recurre a esa identificación ideas/dioses: “No es cierto que nosotros tengamos ideas, sino que más bien las ideas nos tienen a nosotros. Tenemos que saber qué ideas, qué dioses nos gobiernan para manejar su influencia sobre nuestros puntos de vista y nuestras vidas”.

La propuesta terapéutica de la psicología arquetipal se basa en la exploración de imágenes más que en su explicación, en ser consciente de dichas imágenes y prestarles atención hasta que adquieran toda la claridad posible, en contemplarlas con detenimiento hasta que nuestra observación de las mismas cree un significado: eso desencadena un proceso terapéutico que Hillman bautizó con el nombre de ‘creación del alma’.

“¿Qué busca el alma? Ficciones que curen. El alma -explica Hillman- se cura contándose una ficción mejor, un ‘como si’ que disuelve el sistema de creencias que mantiene al alma atrapada en sus miserias”.

Imagen de portada Lástima de William Blake