Siento que no encajo ¿qué hago?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 7 febrero, 2019
Si siento que no encajo lo mejor es detenerme. No tengo por qué entrar a la fuerza en lugares, personas y escenarios que no son de mi talla. Celebrar mi identidad, mis pasiones y cuidar cada día el músculo de la autoestima deben ser mis principales objetivos.

Siento que no encajo, ¿qué puedo hacer?… Son muchos los que, en cierto modo, gastan una cantidad ingente de su preciosa energía intentando integrarse, ser como los demás, formar parte de colectivos renunciando incluso a la propia individualidad para hallar un un sentido de pertenencia. En la mayoría de estos casos, se nos olvida un aspecto básico: lo excepcional de ser único, diferente al resto.

Ahora bien, hay un aspecto que todos tenemos claro: hay personas que sufren el peso del estigma, del aislamiento. Como criaturas sociales que somos necesitamos no solo interaccionar con los demás. Ansiamos a su vez, sentirnos parte de algo, de alguien, buscamos sin duda un mínimo sentido de pertenencia, de seguridad y esas raíces desde las cuales, seguir creciendo en nuestro proyecto personal.

Así, y aunque a veces nos hablen de la importancia de reforzar nuestra individualidad, de empoderar lo “mágico” de ser diferente, en realidad, se trataría solo de saber equilibrar la balanza. Todos sufrimos esa incómoda dualidad entre lo que somos y lo que debemos mostrar al mundo para ser aceptados.

Por tanto, el bienestar partiría de no perder las esencias y el sentido del yo. La clave se halla en ser aceptados por personas que nos sean significativas, por seres capaces de apreciar todo lo que somos, con nuestras particularidades, grandezas e incluso inseguridades.

“Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera” (…)

-Edgar Allan Poe-

Pato amarillo que destaca para representar cuando siento que no encajo

Siento que no encajo y sufro por ello

Es difícil no sentirse un extraño en este mundo. Hay momentos que parece que vamos a contracorriente, que somos apátridas de un escenario donde todos parecen encantados con una misma melodía, mientras que nosotros nos sentimos inspirados por otra. Somos quizá, como esos árboles fascinantes, las jacarandas que florecen en una tonalidad violácea mientras a su alrededor, los demás solo lo hacen solo en color verde.

Cuando siento que no encajo, sufro por ello (una norma tan real como frecuente). Aún más, lo complicado de todo ello es que hablamos de un sufrimiento muy fácil de cronificar. Porque la sensación de no sentirse integrado a menudo ya nace en la infancia. Tanto es así, que es común pensar que hay un problema en nosotros, que “florecer” en color violáceo, como lo hace el árbol antes citado, es algo negativo. Cuando en realidad, todos disponemos de matices que nos hacen excepcionales en el bosque de la vida.

La teoría de las fuerzas vitales de Bowen

El doctor Murray Bowen (1913-1990), desarrolló en la década del 50 la teoría de las fuerzas vitales al observar cómo nos desarrollamos las personas desde un punto de vista emocional y natural a la vez.

  • Bowen explicaba en este enfoque algo muy valioso. Esta teoría postula que en el ser humano hay dos fuerzas vitales básicas a la vez que opuestas.
  • La primera es una fuerza de crecimiento muy potente que nos empuja hacia la individualidad, ahí donde construir un yo separado de nuestra familia, amigos, sociedad…
  • La segunda, es otra fuerza igual de poderosa que nos impulsa a su vez, a buscar y necesitar cercanía emocional.
  • Según este enfoque, la mayoría de nosotros nos movemos a diario en esa dualidad a menudo dolorosa. Nos sentimos diferentes porque nuestro sentido del yo busca separarse del resto. Sin embargo, ansiamos encajar, formar parte de esas dinámicas donde se mueven los demás.

Cuando sufrimos el “estigma” de no encajar en ningún lado

Cuando siento que no encajo en ningún lado, no solo puedo culparme a mí mismo. En ocasiones, puedo llegar a pensar que el propio mundo carece de sentido. Esto mismo es lo que se demostró en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan por los doctores Gregory Walton y Geoffrey M.Cohen.

En este trabajo pudo verse que aquellas personas que sufren el “estigma” de la exclusión, sufriendo de manera constante por la “incertidumbre de la pertenencia”, experimentan una bajada en su motivación, en su rendimiento académico y laboral y a su vez, tienen mayor riesgo de terminar padeciendo algún tipo de alteración psicológica.

Hombre con globo intentando encajar

Quiero encajar ¿qué puedo hacer?

A menudo, esa idea de que “siento que no encajo” tiene su origen en el seno familiar. Nuestra educación y esas dinámicas que se erigen en esos microescenarios nos improntan de forma temprana la idea de que “no somos normales”. Por ejemplo, no lo somos a ojos de nuestros padres porque tal vez no somos tan brillantes como nuestro hermano.

Porque hemos salido más rebeldes, porque nuestras aficiones, gustos y pasiones no encajan con el proyecto familiar. De ese modo, dicha marca la podemos arrastrar durante años, mermando nuestras habilidades sociales, autoconcepto e identidad. Por ello, y para fortalecer estas dimensiones y mejorar nuestro sentido de pertenencias, vale la pena reflexionar sobre estas ideas.

Define quien eres y ponle brillo

Una de las aportaciones más interesantes que nos dejó Carl Jung fue su teoría de la individuación. Según este enfoque, una de nuestras responsabilidades más importantes es la siguiente: despertar nuestro potencial, la conciencia individual, vencer miedos y resistencias y expresarnos ante el mundo tal y como somos. Con seguridad y felicidad.

Tal proceso lleva tiempo. Sin embargo, antes de “querer encajar en otros” lo más adecuado es “encajar en nosotros mismos”. Hay que fomentar la autoaceptación, saber quien somos y qué queremos.

No se trata de “encajar”, toda resistencia crea dolor

Todos hemos intentado alguna vez “encajar” una pieza a la fuerza en el hueco de un puzle. Nos damos cuenta al instante que no sirve de nada usar la fuerza. No cuando las formas no armonizan, no cuando los huecos no encajan con las aristas.

  • Debemos entender que en realidad, en la vida no se trata de querer encajar, sino de fluir. Si intentamos hacerlo a la fuerza, sufriremos e incluso podemos optar por renunciar a parte de lo que somos por integrarnos en un puzzle erróneo.
  • Debemos entender que habrá personas, lugares y colectivos con los que nos sintamos identificados y otros, con los que no. Aún más, en nuestro viaje por hallar un sentido de pertenencia con alguien, podemos hacer mil variaciones hasta hallar nuestro espacio ideal.

Sé tú mismo cada día de tu vida y tu “tribu” llegará a ti

No pasa nada si durante un tiempo hacemos nuestro propio viaje en soledad. Durante ese trayecto, nos limitaremos a celebrarnos a nosotros mismos. A veces, al seguir el ritmo de una pasión o un impulso de lo más singular, acabamos encontrando nuestra propia “tribu”; esa donde todo armoniza, donde somos aceptados y valorados por cada matiz, por cada recoveco tan especial.

Para concluir, si siento que no encajo, lo primero que podemos hacer es reducir esa angustia. Gestionar los miedos, pulir inseguridades y dar brillo al propio sentido del yo y al músculo de la autoestima nos ayudará a encontrar nuestro lugar.