Yo me quejo, tú te quejas… todos nos quejamos

Yamila Papa · 29 enero, 2015

Es probable que algunas personas de tu alrededor sean aficionadas a la queja. “El precio de la fruta ha aumentado”, “mi jefe es insoportable”, “qué calor hace hoy”… y la lista es tan extensa que no alcanzas a ver su final…

Por el contrario, los individuos que nunca tienen quejas sobre lo que ocurre “azarosamente” en su vida se cuentan con los dedos de una sola mano. Las quejas se ha convertido en nuestros acompañantes diarios.

“Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?. Si no lo tiene ¿por qué te quejas?”

-Proverbio oriental-

Las quejas, nuestras rutinas

Es verdad que existen diferentes “niveles de queja” y que algunas pueden ser entendibles y hasta justificables, pero hay otras que solamente demuestran una actitud pesimista y victimista ante la vida.

“Hoy está muy nublado” y “qué día tan soleado” son dos frases que una misma persona puede decir con pocas horas de diferencia. “Tengo mucho trabajo” y “no me llaman para ningún empleo”, con un lapso de semanas…

Niña con los ojos cerrados abrazada a un búho

Parece que nada puede alegrar a esta persona, no importa lo que ocurra. No existen los grises, todo es blanco o negro en su vida. Encuentra motivos tan raros y llamativos para quejarse, que ni el escritor más habilidoso podría imaginarse un texto tan interesante para sus libros.

Nadie está exento de los problemas y eso seguro lo sabéis de sobra. Sin embargo, podemos tomar cierta actitud en la vida y ser agradecidos con lo que tenemos y hasta con lo que no.

Un proverbio hindú dice: “Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta. Entonces, si nos quejamos porque hace frío y también cuando hace calor, ¿qué es lo que queremos?

Quizás, para empezar a no quejarnos tanto deberíamos plantearnos qué es lo que nos gusta y en segundo lugar, buscar lo positivo de cada situación. Porque todo lo que nos ocurre tiene “un medio vaso lleno y un medio vaso vacío”. Aún en lo más doloroso y horrible de nuestras vidas podemos divisar el arco iris tras la tormenta.

Existen mil motivos para quejarse de algo, pero mil y una razones para no hacerlo.

Los motivos de las quejas

¿Sabías además que la queja no conduce a nada? Es decir, no por quejarte van a bajar el precio de las frutas, ni tu jefe será el más bueno del mundo, tampoco mágicamente la carretera estará sola para ti, ni el clima será perfecto los 365 días del año.

Según una teoría, las personas que se quejan no lo hacen por el asunto en particular, sino que esa es su manera de demostrar lo insatisfechas que están, lo vacías que se sienten o la soledad que experimentan. Esto es porque aún no han podido hallar “la sal de la vida” ni ser felices con los pequeños detalles cotidianos.

sirena mirando barco

En segundo lugar, las personas se quejan como un hábito heredado, ya sea por la familia o por la sociedad. En muchos casos, lo único que sale de sus bocas son cosas malas y consideran que si no existieran las quejas, tampoco los temas de conversación.

Otra de las causas por las cuales el “quejismo” (con permiso de usar esta palabra) existe, es porque la falta de empatía provoca un gran egocentrismo. Creernos que nos merecemos más que los demás por razones infundadas o imaginadas nos hacen estar descontentas todo el tiempo.

Si no obtenemos lo que queremos, nos quejamos. No nos ponemos en el lugar del otro, pensamos que llueve, hay retraso en el autobús o aumentó la leche porque el Universo está en nuestra contra.

Y por último, nos quejamos porque no sabemos ser agradecidos. Puede que hoy te quejes por el precio de la carne, pero ponte a pensar por un instante, ¿cuántas personas no pueden acceder a un alimento en el mundo? Te quejas por tu trabajo, ¿sabes la cantidad de desempleados que hay en nuestro planeta?

Y así podríamos seguir enumerando cosas por las cuales deberías decir “Gracias” al levantarte y al acostarte. Quejarte no te llevará a nada, porque el simple hecho de cargar contra el destino, Dios o el Sistema Solar no va a mejorar la situación.

Si algo no te agrada, trata de cambiarlo, pero no te quejes. Sal de tu “zona de confort” y comienza a tomar acción por aquello que deseas que sea diferente.

¡Sé el cambio que quieres ver en el mundo!