Ataraxia: cuando nada nos afecta emocionalmente

Las personas con ataraxia se definen por mantener siempre un ánimo calmado, sosegado e imperturbable. Sin embargo, tras esa gelidez emocional y ausencia total de miedo, puede esconderse alguna alteración neurológica.
Ataraxia: cuando nada nos afecta emocionalmente
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 16 abril, 2021.

Última actualización: 16 abril, 2021

La ataraxia nos remite a la antigua Grecia y a los estoicos: lograr que nada te afecte, permanecer imperturbable ante la adversidad. Ese estado anímico con el que desnudarnos de miedos, descalzar ansiedades y huir de frustraciones y enfados parece sin duda un estado mental idílico. ¿A quién no le agradaría avanzar por el viaje de la vida abrazado a esa serenidad psicológica tan elevada?

Lo cierto es que, aunque nos agrade, esta realidad tendría poco de saludable e incluso de lógica. El Juan sin miedo de los hermanos Grimm pasó buena parte de su vida intentando conocer esa emoción que, a fin de cuentas, tanto define al ser humano. No podemos olvidar que excluir una emoción -sea cual sea- del registro emocional puede tener serias consecuencias.

Es por ello que la ataraxia, lejos de ser un concepto inspirador, definiría en realidad un trastorno. Es más, en determinados casos podríamos estar ante una alteración neurológica. Dimensiones como la angustia, el desasosiego o la inquietud, aunque molestas y turbadoras, cumplen su indiscutible finalidad en nuestra supervivencia.

Mujer con los ojos cerrados con el cerebro iluminado debido a la ataraxia

Ataraxia: definición y síntomas

La filosofía griega definió la ataraxia como imperturbabilidad. Para figuras como Demócrito o Heráclito, esa disposición a reducir la inclinación a la pasión y mostrar una conducta serena, contenida e impermeable a las emociones e instintos era sinónimo de elevación, de nobleza de espíritu.

Esta visión del comportamiento y de actitud fue desarrollada por los epicúreos, los estoicos y los escépticos. Así, trabajos de investigación como los realizados por el doctor James Warren de la Universidad de Cambridge nos indican que los epicúreos consideraban la ataraxia como sinónimo de bienestar mental al “arrancar” de la mente nuestros miedos.

Visto de este modo, es posible que más de uno lo conciba como alentador y correcto. ¿A quién no le agradaría vivir en un estado permanente de imperturbabilidad? Habitar en una esfera psicológica en la que el mobbing sufrido en el trabajo no nos afectara o donde las traiciones de nuestra pareja no nos causaran dolor, sería -a primera vista- algo deseable.

Ahora bien, lo cierto es que si reaccionáramos de este modo ante las adversidades de la vida, no seríamos personas. Seríamos máquinas. La incapacidad para reaccionar ante los eventos del entorno o la ausencia de miedo definirían en muchos casos una alteración neurológica.

¿Cómo es una persona con ataraxia?

La ataraxia no aparece como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V). Sin embargo, puede ser un síntoma de, como bien hemos señalado, un problema neurológico. Hay alteraciones en diversas regiones cerebrales que se correlacionan con esta realidad y con sus síntomas.

Analizamos cuáles son los síntomas de la ataraxia.

  • Comportamiento pasivo. Incapacidad para reaccionar ante los estímulos del entorno.
  • La persona con ataraxia médica no evidencia cambios en su estado de ánimo. Siempre se encuentra en un estado de aplanamiento afectivo en el que no demuestran ni subidas ni bajadas, ni alegrías, ni miedos, ni conductas de ilusión ni manifestaciones de inquietud…
  • No manifiestan frustraciones. Es decir, hechos como cometer errores o no poder cumplir sus metas, por ejemplo, lo viven con tranquilidad y casi con indiferencia.
  • No sienten culpabilidad. No experimentan responsabilidad alguna de sus actos cometidos.
  • Asimismo, es común que no respeten los límites, que no vean los riesgos a sus conductas y que sean tendentes a comportamientos de riesgo.
Amígdala iluminada en el cerebro de un hombre representando el origen de la ataraxia

El origen de la ataraxia

La ataraxia clínica o médica conforma el extremo de la ataraxia filosófica. Es decir, uno puede mantener un carácter sosegado y calmado ante el devenir de la vida. Sin embargo, como ser humano, es esperable -y recomendable- que experimente alegría, sensación de culpabilidad, miedo, angustia, la efusividad del amor y de vez en cuando, hasta el desasosiego de la tristeza.

Todo ello nos permite adaptarnos a los imprevistos de la vida, dotándonos de valiosas herramientas de aprendizaje. Ahora bien, alguien con ataraxia clínica muestra una clara pasividad desadaptativa. Esta condición define a personas incapaces de reaccionar ante su entorno, tanto social, laboral y emocional.

Ahora bien ¿cuál sería el origen de este problema?

El origen neurológico de la imperturbabilidad

Hay múltiples desencadenantes que explicarían la ataraxia. Los más comunes son los golpes traumáticos en el área frontal del cerebro, así como los accidentes cerebrovasculares.

También es importante hablar de otro origen. Sabemos que la enfermedad de Urbach-Wiethe, por ejemplo, tiene como principal manifestación la ausencia total al miedo.

Esta condición surge a raíz de una lesión o atrofia de la amígdala cerebral. Como bien sabemos, esta región es la que regula parte de nuestras emociones, siendo el miedo y la sensación de alerta las más comunes. De este modo, cuando tenemos ante nosotros un peligro, es la amígdala la que envía de inmediato la información hasta la corteza cerebral.

Más tarde, esta área aplicará un filtro cognitivo para valorar de manera objetiva el riesgo real. Sin embargo, la persona con ataraxia no podrá llevar a cabo ninguno de estos procesos. Así, es muy probable que el Juan sin miedo de los hermanos Grimm sufriera en realidad alguna alteración en su amígdala cerebral…

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