Nacionalismo: significado, características y tipos

Decía Alfred Einstein que el nacionalismo es como el sarampión, una enfermedad infantil. Sin embargo, ¿por qué el ser humano desarrolla esta fuerte identidad hacia su pueblo o cultura? ¿Hay algún aspecto beneficioso en esta actitud?
Nacionalismo: significado, características y tipos
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 20 abril, 2023

Figuras como Sigmund Freud y Abraham Maslow nos enseñaron que una de nuestras motivaciones más fuertes es la de satisfacer la necesidad de pertenencia. En el proceso de socialización, pasamos de lo egocéntrico a lo sociocéntrico y, en ese paso, algunos desarrollan un fuerte apego nacional. Es decir, una vinculación emocional, actitudinal e identitaria hacia su pueblo. El nacionalismo.

Este concepto tiene una historia compleja y comprenderla desde una perspectiva sociopsicológica permite entender su anatomía. En especial, esa perspectiva en que el «nosotros contra ellos» traza profundos conflictos y problemas geoestratégicos, como los que se suceden en la actualidad en países como Corea del Norte. Profundicemos un poco más en este tema.

«El nacionalismo es inseparable del deseo de poder; el propósito constante de todo nacionalista es obtener más poder y más prestigio, no para sí mismo, sino para la nación o entidad que haya escogido para diluir en ella su propia individualidad».

-George Orwell-

hombre con mecanismo para representar el nacionalismo
La mente nacionalista desarrolla férreas actitudes y creencias sobre su propio pueblo, diferenciándole de las demás culturas.

¿Qué es el nacionalismo?

Desde hace unos años, el nacionalismo se asienta una vez más en nuestras sociedades. Donald Trump promovió su resurgimiento con el America first. También Reino Unido, con el Brexit y la salida de Europa, quiso marcar el peso de su identidad como país. Sin embargo, más allá de estas realidades actuales, ¿qué es realmente este fenómeno? ¿Cómo lo definimos?

El psicólogo Joshua Searle-White, de la Universidad de Clark lo explicó en su libro The Psychology of Nationalism, 2001.  El nacionalismo es el desarrollo de una fuerte identidad y apego hacia una nación. Para la persona, el propio pueblo satisface todas sus necesidades emocionales, culturales y socioeconómicas. Esa intensa pertenencia hace que, a menudo, se vea a la propia nación como superior a las demás.

Es ahí precisamente donde reside el riesgo de los nacionalismos. Hay una lealtad exacerbada hacia el propio territorio y la gente del endogrupo, hasta el punto de erigir una marcada diferencia entre el «nosotros» y «los demás».

Si bien no es intrínsecamente malo, sí hay factores que a lo largo de la historia han conducido a más de un conflicto. Basta con recordar el temor del psicólogo social Erich Fromm hacia los nacionalismos. Los concibió como una forma de incesto y una secta (Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, 1955).



Características que presenta

¿De dónde surgen los nacionalismos? ¿Por qué en ocasiones los seres humanos se organizan en grupos identitarios y entran en conflicto con los demás? Algo que debemos entender, en primer lugar, es que es un fenómeno complejo, construido social y psicológicamente. Es más, trabajos de investigación como los llevados a cabo en la Universidad Nacional Indira Gandhi, de la India, señalan algo importante.

Estamos ante fenómenos que florecieron en la Europa del siglo XVIII con la Revolución Francesa y que, de algún modo, dieron forma al mundo moderno. Más tarde, las guerras napoleónicas, sumadas a las revoluciones del siglo XIX y a los movimientos anticoloniales, asentaron el concepto de nación, nacionalismo y también de identidad social. Veamos, no obstante, las teorías que describen sus características.

1. Teorías primordialistas y psicobiológicas

La concepción primordialista del nacionalismo fue acuñada por el antropólogo Clifford James Geertz en los años 70. Según este modelo, dicho comportamiento puede estar arraigado en toda cultura, es una manifestación que parte de las emociones y que se transmite en el seno de las familias.

Tiene que ver también con lo cultural y lo religioso, es algo inherente en muchas mentalidades porque es con lo que uno crece y lo que se les transmite. Por su parte, Pierre van den Berghe, incluyó en El fenómeno étnico (1981) el factor psicobiológico. Así, los nacionalismos serían una forma de evolución social en la que se desarrolla una forma de autoconciencia de grupo.

2. Teoría modernista

Las teorías modernistas surgieron a lo largo del siglo XIX, definiendo el término en cuestión como una forma de modernizar la economía y la sociedad. La identidad del pueblo promovía la unidad del mismo en la búsqueda de la mejora común. El problema es que, con el tiempo, dicho fenómeno derivó en movimientos poco éticos.

Según Anthony D. Smith, las condiciones para que surja el nacionalismo son las siguientes:

  • Un pasado bélico.
  • Una patria definida.
  • Un legado histórico y/o religioso particular.
  • Una situación social hostil o entorno en crisis.
  • Costumbres particulares, así como un idioma o cultura propia.

3. Teorías instrumentalistas

El instrumentalismo opina que el nacionalismo es el resultado de una serie de acontecimientos políticos, sociales y económicos puntuales que lo desencadenan. Es un fenómeno dinámico que varía y se adapta, pero su fin siempre es lograr algo, como un cambio o expresar el descontento. La figura más destacada de este modelo fue Fredrik Barth.

4. Teorías economicistas

Según el modelo economicista, en los nacionalismos, lejos de partir de una concienciación o afecto hacia la propia cultura, la lengua y su historia, lo que subyace más bien es un interés económico. El supuesto patriotismo sería, por tanto, un intento por promover mecanismos con los que obtener unas ganancias económicas directas o indirectas.

El nacionalismo tiene una historia compleja que tiene su desencadenante en la Europa Moderna. A partir de ahí fue evolucionando hasta desembocar, a menudo, en manifestaciones hostiles y problemáticas en todos los niveles.

Hombre enfadado y gritando representando el nacionalismo
El nacionalismo, a menudo, usa como instrumento la violencia.

Tipos de nacionalismos

Son muchos los expertos en el ámbito psicosociólogo que insisten en que no es posible hablar de «tipos de nacionalismo». Todo sería una misma manifestación que parte de unas raíces semejantes.

No obstante, otras voces sí destacan posibles diferenciaciones, pero teniendo en cuenta un aspecto. Muchas personas combinan varias categorías de nacionalismos y, por tanto, no son excluyentes. Analicémoslas.

1. Cívico

El estado obtiene el poder gracias a la ciudadanía. La voluntad del pueblo es la que configura la base identitaria de un país. Ejemplo de ello son Estados Unidos o Francia tras la revolución.

2. Étnico

Este define a esos países que se identifican con una etnia única y particular. En ellos, hay herencia compartida en la cual se incluye desde un idioma propio hasta una ascendencia común; por ello, en ocasiones, se sirven para justificar su supuesto derecho a la autodeterminación.

3. Religioso

En este caso, lo que tenemos son las clásicas teocracias. Es decir, existen países en los cuales la nación tiene una misma religión y unas mismas doctrinas y, ello, justifica la creación de un Estado partiendo de las mismas.

4. Cultural

Tradiciones culturales propias, creencias, una historia compartida… El nacionalismo cultural traza fenómenos sociales en los que un país o sus instituciones se definen e identifican por una misma cultura compartida. El sionismo es un ejemplo de ello.

5. De estado

El fascismo es un claro ejemplo. Son contextos en los cuales, una persona/ciudadano existe para contribuir a un objetivo común, que es mantener la fortaleza e identidad de su país.



Pros y contras del nacionalismo

Decía Martin Luther King que el nacionalismo debe dar paso al internacionalismo, a perspectivas más amplias y, sobre todo, inclusivas. La persona que soñó con un mundo mejor no era, como podemos esperar, partidario precisamente de esta forma de pensamiento. Un análisis de la Universidad George Washington destaca un aspecto en el cual reflexionar.

La emergencia de los nacionalismos en la actualidad es una evidencia. Donad Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orban, Vladimir Putin. Sabemos que estos movimientos dividen a la población y crean conflictos sociales de diversa gravedad. Sin embargo, los nacionalismos no siempre buscaron destruir democracias e iniciar guerras. Mahatma Gandhi  y Nelson Mandela, por ejemplo, se definieron a sí mismos como nacionalistas. Entonces, ¿dónde está el límite y el equilibrio?

Aspectos positivos

Los grandes movimientos europeos por la libertad y la justicia en el siglo dieciocho y diecinueve sirvieron para derrocar monarquías absolutas. Ello dio pie a un nuevo florecimiento sobre los derechos sociales, la comprensión moral y las identidades. Canadá, por ejemplo, con su presidente Justin Trudeau, insta a una forma nacionalista basada en valores compartidos y no tanto en aspectos étnicos, religiosos o históricos.

El problema, claro está, reside en que no todos los nacionalismos favorecen estos comportamientos prosociales.

Aspectos negativos

No es difícil deducir lo que conlleva la práctica y el pensamiento basado en lo nacionalista. Quienes defienden y exhortan una identidad única, justifican en ocasiones la violencia como acto instrumental para imponer sus ideales, sus pensamientos radicalizados, su «verdad». Muchas de nuestras grandes tragedias como humanidad, tienen como germen los nacionalismos.

«El nacionalismo es siempre fuente de crispación, de confrontación y de violencia, y eso no excluye al nacionalismo que juega a la democracia al mismo tiempo que a la exclusión. Es, sigue siendo, el gran desafío”.

-Mario Vargas Llosa-

Manos señalando al cielo simbolizando los tipos de humildad
Más allá de nuestras identidades hay algo que debemos recordar: somos seres humanos en un mismo planeta.

Reflexión final

Musulmanes, cristianos o judíos. Ingleses, libaneses, portugueses, turcos o estadounidenses. Más allá de nuestras religiones o nacionalidades, somos seres humanos habitando un frágil planeta. Enfrascados en nuestras diferencias y disputas particulares, estamos, tal vez, descuidando problemas más globales.

Ante desafíos, como las crisis sociales, económicas y las relativas al cambio climático ha llegado un momento en que tal vez debamos asumir el transnacionalismo. Consiste, ni más ni menos, que en ver la realidad más allá de nuestros pequeños tropos personales e identitarios para concebirnos de manera global. Como dijo Carl Sagan una vez: «no somos más que una mota de polvo suspendida en un gas de luz solar, no hay motivos para creernos unos más que otros».


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