La personalidad hostil evidencia mayor riesgo de deterioro cognitivo

¿Conoces a alguien agresivo y hostil? La ciencia nos dice ahora que este tipo de personalidades tienen un riesgo mayor de desarrollar demencias. Un cerebro dominado por la ira no será nunca un cerebro sano. Lo analizamos.
La personalidad hostil evidencia mayor riesgo de deterioro cognitivo
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 06 noviembre, 2022

¿Cómo definirías la hostilidad? Por término medio, la mayoría de nosotros hemos tenido la mala suerte de conocer a alguien con este tipo de patrón de conducta, producto de una mala gestión emocional, escasas competencias reflexivas y baja tolerancia a la frustración.

Quien muestra este perfil suele terminar teniendo problemas de salud mental por la presión que tiene su circuitería emocional en el sistema nervioso. Por lo general, experimenta como desagradables todas las situaciones que transita. Esa conflictividad constante con su entorno y con la vida misma suele dejar más de una secuela a nivel neurológico.

Ahora, los expertos nos señalan un dato tan interesante como revelador. Los hombres y las mujeres que puntúan alto en hostilidad, cinismo y negatividad tienen un riesgo mayor de sufrir problemas cognitivos, así como demencias. No es un castigo del destino, en absoluto. El desencadenante se encuentra en unas peores capacidades de afrontamiento para manejar el estrés.

Hay muchos desencadenantes que están detrás de la conducta hostil, sin embargo, no siempre se habla de los efectos para la salud de este comportamiento.

Cerebro golpeado por una personalidad hostil
Las funciones cognitivas del cerebro se ven muy perjudicadas por el estrés y la tensión constante.

La personalidad hostil y el temperamento que daña el cerebro

Sabemos que la demencia es una enfermedad que puede aparecer en cualquier persona. Lo hace sin importar nuestro género, clase social o si somos buenas o malas personas. Es evidente. Realidades tan duras como el alzhéimer, por ejemplo, no discriminan y tampoco se pueden prever. Sin embargo, sabemos que hay factores que pueden elevar la probabilidad de padecer estas condiciones.

De este modo, si hay un adolescente que evidencia una personalidad hostil y se mantiene con ella hasta la edad adulta, es más probable que sufra deterioro cognitivo y demencia. Esto es lo que nos explica en un estudio dirigido por la doctora Lenore J. Launer, miembro de la Academia Estadounidense de Neurología.

Hasta no hace mucho, este tipo de conclusiones resultaban algo controvertidas. Implica asumir, ni más ni menos, que nuestra forma de ser y nuestro temperamento se vinculan con un riesgo mayor de sufrir ciertas enfermedades. Este trabajo ha demostrado precisamente este vínculo. Tanto es así que en una muestra 3126 jóvenes de 25 años pudo verse que quienes tenían una personalidad hostil, al llegar a los 50 ya sufrían problemas de memoria… ¿Cómo se explica este fenómeno?

La persona con un carácter violento y hostil acumula una elevada ira y frustración. Esa incapacidad para manejar sus emociones termina por afectar a sus funciones cognitivas.

El estrés y la ira reprimida, enemigos para la salud cerebral

Planteamos una nueva pregunta: ¿qué hay detrás de la personalidad hostil? Por lo general, los desencadenantes de este cuadro comportamental y de carácter hay múltiples variables. Podríamos hablar de genética, aprendizaje social y hasta de trastornos psicológicos. Ahora bien, algo que siempre aparece en estas personas es la mala gestión del estrés y una sensación de ira permanente.

Esa mala regulación emocional conduce desde estados de paranoia hasta trastornos depresivos. Si tenemos un adolescente educado en una familia disfuncional y en un entorno social claramente hostil, es muy probable que desarrolle una personalidad conflictiva, desafiante, cínica y hasta violenta.

Esas dimensiones tan caóticas se traducen en un estado de estrés permanente que altera la red cerebral. Los niveles de cortisol son siempre elevados y esto provoca un serio impacto en áreas como la corteza prefrontal o el hipocampo. Áreas relacionadas con la memoria y las funciones ejecutivas.

Pareja discutiendo a gritos, ejemplo de la personalidad hostil
Las personas hostiles alejan a quienes se acercan a ellos y fracasan en muchos de sus proyectos. Esto intensifica su malestar psicológico.

¿Puede cambiar la persona que demuestra una conducta hostil?

Cuando pensamos en la personalidad hostil, lo primero que nos viene a la mente es la necesidad de alejarnos. ¿Cómo no hacerlo? Por lo general, estos hombres y mujeres traen problemas, hacen daño y dejan un rastro de malestar y desasosiego allá por donde van. Cuesta vivir con ellos, trabajar e incluso tenerlos como vecinos.

Sin embargo, es bueno preguntarnos qué se podría hacer para ayudarlos. Imaginemos, por ejemplo, a un adolescente que viene de un contexto psicosocial adverso y problemático. ¿Qué mecanismos podríamos desarrollar para darle una mejor calidad de vida? No podemos dejar de lado que la persona hostil está abocada a la soledad y el ostracismo social. Todo ello intensifica aún más el riesgo de enfermedades y trastornos psicológicos.

La autoconciencia, el primer paso para desactivar la conducta problemática

Si hay una sensación que arrastra y carcome a este perfil de personalidad es la ira. Pensemos que quien se deja llevar por esta emoción lo hace para canalizar y esconder un dolor profundo. A veces hay un pasado de maltrato, una situación de abandono o una experiencia continuada de fracaso e inadaptación social. Todo ello deriva en malestar, en enfado constante. Pero lo que hay debajo es una herida.

La personalidad hostil necesita terapia psicológica para ahondar en esa fractura interna. Así, el paso más importante que deben hacer estos hombres y mujeres es desarrollar una adecuada autoconciencia. Es decir, deben ser capaces de tomar contacto con sus necesidades internas y con el ovillo caótico de sus emociones.

Por otro lado, también es importante ofrecerles estrategias para regular los impulsos y manejar el estrés. Un cerebro sano es un cerebro que domina el autocontrol y logra entender sus emociones para situarlas a su favor y no dejarse llevar por ellas. Mediante estas habilidades y un profundo trabajo terapéutico se logrará reducir poco a poco esa hostilidad hiriente.

Todos, de algún modo, tenemos la misma probabilidad de sufrir deterioro cognitivo y demencia, es cierto. Sin embargo, hay factores que elevan el riesgo y uno de ellos es sin duda nuestra personalidad. Cuidemos de nuestras emociones, practiquemos la autoconciencia y regulemos ese enemigo voraz, pero silencioso, que es el estrés.

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