¿Qué era lo que venia a buscar? (el olvido súbito)

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 17 enero, 2014
Yamila Papa · 17 enero, 2014

Una publicación de la revista Psychological Science ha revelado que los recuerdos pueden mantenerse nítidos por algunos momentos y después desaparecer, como por arte de magia. Dos fueron los investigadores sobre este tema: Stephen J Luck y Weiwei Zhang, de la Universidad de California. Pidieron a varios voluntarios que recordaran los tonos de diversos cuadrados de colores, los cuáles se los habían presentado por breve tiempo en una pantalla, unos 10 segundos antes de la pregunta.

Estas personas debían marcar su respuesta en una rueda de colores. Como el “juego” se realizó muy poco tiempo después de la diapositiva, era más simple que todos acertaran. Pero la idea no terminaba allí, porque la teoría es que con el correr de los minutos, esas fotos instantáneas de nuestro cerebro se van difuminando hasta convertirse en imprecisas, desgastadas o inexistentes.

Aquellos que elegirían el rojo o el amarillo le errarían por muy poco ya que el color correcto era el anaranjado. Sin embargo, las respuestas que iban dando eran más bien al azar, sin pensar, sin poder recordar. Esto daba la pauta de que lo que había en su memoria iba desapareciendo con el correr de los segundos.

El análisis matemático que desarrollaron Luck y Zhang demostraron que la memoria de casi todos se iba desplomando entre los 4 y los 10 segundos después de recibir el estímulo, es decir, tras mirar en la pantalla los cuadrados de colroes.

Esta “extinción repentina” de los recuerdos, según afirman los investigadores, es de esperar porque se almacenan en circuitos que se alimentan entre si. Podemos por ejemplo hacer un paralelo entre un portátil y una linterna. El primero es un sistema que usa diversos circuitos de retroalimentación que limita la cantidad de energía que extrae de la batería. La luz de la linterna se amortigua cuando se agotan las pilas, es decir que no será tan potente como cuando son nuevas. El ordenador seguirá funcionando hasta que la batería se agote y es en ese momento cuando se apaga.

El olvido súbito, más habitual de lo que se cree

No es preciso tener que hacer un test donde se presentan cuadrados de colores, es más que probable que esto te haya ocurrido alguna vez en tu vida. Te paras frente al refrigerador, abres la puerta y te preguntas ¿Qué era lo que iba a buscar?. Subes a la habitación y te quedas mirando todo porque no saber qué necesitabas de allí. También puede ocurrir que veas a una persona en televisión o en la calle y no puedas recordar su nombre.

Estos olvidos frecuentes ocurren en las personas a partir de los 30 años aproximadamente. Algunos de ellos temen estar padeciendo los síntomas previos a la enfermedad de Alzheimer, pero afortunadamente menos del 10% de las veces ocurre ello. Cabe destacar que este trastorno en la memoria recién aparecerá a los 50, según informa el jefe del Instituto de Neurología Cognitiva, Pablo Richly. La gran mayoría de los olvidos están vinculados a la ansiedad, la depresión y la falta de atención más que a una demencia.

No es que la información “se pierde” en algún lugar de la memoria, sino que luego de pensar bien volvemos a dar con ella, aunque tengamos que desandar el camino que nos llevó hasta la cocina o el cuarto. Suelen ser más comunes si hay una gran demanda de atención, cuando hay fatiga mental, cuando se hacen muchas tareas al mismo tiempo o tras ser interrumpido por alguna distracción en particular (suena el móvil, miras algo en la televisión, tu esposa te llama a cenar, tu jefe hace un anuncio en voz alta, etc).

Tanto la ansiedad como la depresión, informa la experta en neurología del Hospital Universitario Austral, Carolina Lomlondjian, interfieren mucho en la capacidad de mantener nuestra atención en algo y a la vez en la habilidad de organizar toda la información que se guarda en el cerebro.

Para que pase de ser una mera distracción a una enfermedad a tratar se deben tener en cuenta algunos criterios tales como la edad, la frecuencia y el o los objetos olvidados. Es normal que después de los 30 años la memoria comience a “pasar factura” y que haya nombres que no recordamos, sitios donde dejamos las cosas o tareas asignadas recientemente. Lo que no puede aceptarse es olvidar la dirección de la casa o el nombre de la esposa.

Si te ocurre que tienes olvidos súbitos o frecuentes y estos se experimentan por más de un año seguido, es preciso que consultes con un especialista. Puede deberse a un deterioro cognitivo leve, si está acompañado de otros síntomas neurológicos. Con el tiempo hasta podría convertirse en demencia, pero no hay que preocuparse, sino estar informados y controlados.

El diagnóstico prematuro sirve para controlar la evolución de una posible enfermedad y mejorar el tratamiento que pueden ser con fármacos o con rehabilitación mediante ejercicios que potencian la memoria y pausan el daño. Para evitar esto, en el hogar se pueden hacer algunas actividades como ser ordenar los meses alfabéticamente, decirlos de atrás para adelante, hacer lo mismo con los días de la semana, alimentarse bien, practicar deportes y siempre tener la mente activa con libros, juegos o tareas diferentes.