Trastorno de ansiedad generalizada: causas y factores de riesgo

El trastorno de ansiedad generalizada es cada vez más prevalente entre la población. Los factores que median en su desarrollo son muy complejos; sin embargo, además de las experiencias traumáticas, no podemos descartar también los factores genéticos.
Trastorno de ansiedad generalizada: causas y factores de riesgo
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 01 junio, 2021.

Última actualización: 01 junio, 2021

“Neurosis por ansiedad”, “pantofobia”… El trastorno de ansiedad generalizada ha recibido varias designaciones a lo largo del tiempo, pero su descripción no ha cambiado: ansiedad extrema, aprensión y preocupación constante. Se trata de una condición mental cada vez más frecuente entre la población y que puede ser en muchos casos, muy discapacitante.

Por lo general, el diagnóstico de esta realidad psicológica suele ser complejo debido a su superposición con los trastornos afectivos. Muchas veces, podemos tener pacientes que han cronificado este tipo de ansiedad y que han derivado en una depresión mayor. Asimismo, y no menos importante, sabemos que su incidencia, según la CIE-10, se encuentra entre el 3,5 y el 5 %. 

Este trastorno puede tener su inicio en cualquier momento del ciclo vital; sin embargo, es más común que aparezca ya en la infancia y alcance su punto máximo en la mediana edad. Los factores que median en su aparición son complejos y responden a varios desencadenantes. A día de hoy, la investigación alrededor de este problema de salud mental es más amplia y ya conocemos más variables.

Las analizamos.

La ansiedad generalizada tiene una base genética. Existe una pequeña probabilidad de que los hijos lo hereden de sus padres; aunque no es determinante al 100 %.

Hombre con trastorno de ansiedad generalizada

Factores genéticos en el desarrollo del trastorno de ansiedad generalizada

Al igual que sucede con muchas otras condiciones médicas y psicológicas, siempre existe cierta predisposición genética a la hora de desarrollar una enfermedad o un trastorno determinado. Así, el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) evidencia determinados marcadores biológicos que es interesante conocer.

Investigaciones, como las realizadas en la Universidad de Würzburg (Alemania), nos señalan que existe un 36, 1 % de probabilidad de que los hijos de padres con esta condición la hereden. No obstante, se incide que todos estos trabajos están aún en fases preliminares y esos datos no son concluyentes.

Las mujeres son más vulnerables

Los datos de incidencia señalan que el riesgo de desarrollar esta condición clínica es más significativo entre parientes de primer grado. Asimismo, es más común que sea el sexo femenino quien evidencie un riesgo mayor de padecer un trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Neurobiología, el cerebro “secuestrado” por el miedo

El modo en que afecta este trastorno psicológico al funcionamiento cerebral es muy llamativo. Los avances en técnicas de neuroimagen nos han permitido comprender que el cerebro de estos pacientes tiene una activación muy alta. Se aprecian desde alteraciones en diversas estructuras, como cambios en el funcionamiento de los neurotransmisores.

La corteza prefrontal

La corteza prefrontal es esa área que orquesta y regula desde nuestras funciones ejecutivas (planificar, recordar, razonar, tomar decisiones…) hasta procesos como la motivación, la conducta social o la regulación de nuestra personalidad. Bien, trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Emory, en Atlanta, nos señalan algo importante.

  • Haber sufrido maltratos, experiencias vitales adversas o situaciones de estrés largamente mantenidas en el tiempo alteran la funcionalidad de la corteza cerebral.
  • En estas situaciones, cuesta razonar, decidir, sentir motivación… La persona deja de tener un mayor control sobre sí misma al sentirse más dominada por el mundo de las emociones.

Vías neuroendocrinas

Hay otro dato interesante al respecto de las causas de la aparición del trastorno de ansiedad generalizada. Se ha podido observar una mayor actividad en esas áreas neurológicas que procesan las emociones. Esto podría deberse también a dos razones, la primera a una disminución de la señalización inhibitoria por el ácido γ-amino-butírico (GABA). La segunda, a un aumento del glutamato.

Estas alteraciones en las vías neuroendocrinas tendrían un desencadenante genético. Algo que explicaría también una mayor alteración de neurotransmisores, como la dopamina y determinados neuropéptidos que alteran regiones límbicas y esos circuitos que orquestan las emociones y el propio estrés.

La amígdala cerebral en el trastorno de ansiedad generalizada

La amígdala es una estructura subcortical que forma parte del sistema límbico. Su función es esencial para nuestra supervivencia: activa y modula emociones como el miedo, la angustia, la alegría, la excitación… Orquestando además una respuesta fisiológica que nos impulse a realizar una conducta determinada.

Bien, un aspecto que ha podido observarse en pacientes con ansiedad generalizada es que esta estructura presenta una hiperactivación fuera de lo común. ¿En qué se traduce esto? Implica básicamente que existirá una tendencia mayor a sobreprocesar estímulos, intensificando el miedo.

Esto explica la preocupación constante, el nerviosismo, la dificultad para tolerar la incertidumbre, etc.

Las personas con un trastorno de ansiedad generalizada presentan una tendencia mayor a ver riesgos donde no los hay. El origen de esto se hallaría en una amígdala más hiperactivada.

Amígdala iluminada para representar la causa del Trastorno de ansiedad generalizada

Experiencias traumáticas y trastorno de ansiedad generalizada

A la hora de desarrollar un trastorno de ansiedad generalizada, los factores genéticos son residuales. Es decir, hay un pequeño riesgo, pero lo que más determina su aparición son las variables sociales y psicológicas. Lo analizamos.

Los traumas psicológicos

Haber sufrido maltratos físicos y psicológicos media en la aparición posterior de múltiples problemas mentales. La ansiedad generalizada es uno de ellos.

Asimismo, vivencias, como la muerte de un ser querido, el bullying, el abandono materno o paterno o haber sufrido violencia de cualquier tipo son factores muy significativos.

Los traumas, entendidos como esos eventos que alteran gravemente nuestro bienestar en un punto determinado de nuestra vida, son los desencadenantes más comunes a la hora de desarrollar un trastorno de ansiedad generalizada.

El modelado social: la familia ansiosa

Cada uno de nosotros hemos integrado una serie de modelos de comportamiento de nuestra familia. Somos modelados en el plano social y en el psicológico. Estas dinámicas son tan determinantes que, a veces, acabamos repitiendo muchos patrones de nuestros progenitores.

Es decir, si nuestros cuidadores reaccionaban de manera ansiosa y sobredimensionada ante los estímulos más pequeños, es probable que también nosotros lo hagamos. Esas dinámicas incentivan el desarrollo de muchos tipos de ansiedad.

Estilo de vida, el factor descuidado

¿Puede nuestro estilo de vida mediar en la aparición del trastorno de ansiedad generalizada? Por sí solos y de manera aislada, seguramente no. Ahora bien, cuando existen factores genéticos, cuando hemos sufrido algún hecho traumático y además, nuestro estilo de vida no es el más adecuado, el riesgo es más probable.

Analizamos esas variables.

Un trabajo estresante

Pasar, 5, 10, 20 años en un mismo puesto laboral con unas condiciones estresantes, siempre nos pasa factura. Sabemos que el estrés laboral mantenido en el tiempo deriva en trastornos de estrés postraumático y en ansiedad generalizada.

Relaciones afectivas infelices

Otra variable de riesgo evidente, son las relaciones de pareja dañinas e infelices. Someternos durante años a un vínculo abusivo deja marca psicológica.

El trastorno de ansiedad generalizada puede aparecer a raíz de una experiencia afectiva dolorosa y desgastante.

Alimentación

La alimentación por sí misma no explica la aparición de un trastorno mental. Ahora bien, sí puede actuar en conjunto con muchas de las variables señaladas.

Sabemos que la cafeína, así como las bebidas energéticas (consumidas en altas cantidades), son un factor de riesgo para la salud física y neurológica. Lo más adecuado es regular su consumo.

Mujer leyendo sobre el trastorno de ansiedad generalizada

Conclusión

Para concluir, existen múltiples factores de riesgo que pueden explicar la aparición de los trastornos de ansiedad generalizada. Por término medio, es común que se deba a varios elementos de los aquí señalados y no a uno solo. Asimismo, un hecho habitual en esta condición psicológica es que una persona puede arrastrar durante décadas este problema de salud mental sin solicitar ayuda.

En caso de no hacerlo, se corre el riesgo de derivar en una depresión mayor y en situaciones de elevada vulnerabilidad psicológica. No dudemos en solicitar ayuda experta. Existen enfoques terapéuticos altamente efectivos.

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