Los 6 tipos de motivación según la psicología

Seguro que has oído hablar en numerosas ocasiones de la motivación, pero ¿conoces cuántos tipos hay y qué describen? Aquí te presentamos los principales.
Los 6 tipos de motivación según la psicología
María Vélez

Escrito y verificado por la psicóloga María Vélez el 18 diciembre, 2020.

Última actualización: 18 diciembre, 2020

La palabra motivación viene del término motivus (relativo al movimiento) y hace referencia a aquello que mueve, que tiene capacidad para generar movimiento. En psicología, los distintos tipos de motivación son los motores de la conducta humana. Aquello que es capaz de activarnos y ponernos en marcha.

Nuestras necesidades no son siempre las mismas, del mismo modo que tampoco lo son las circunstancias personales ni los recursos. Igualmente, cada persona es distinta, con sus orden de prioridades. Todos estos factores determinan el proceso de la motivación. A continuación, hacemos un breve recorrido sobre los distintos tipos.

Tipos de motivación

La motivación se puede clasificar en función de la posición de la fuente que la genera, de si el estímulo es positivo o negativo o en función del resultado que se pueda obtener.

Hombre subiendo en una escalera

Motivación extrínseca e intrínseca

Esta es quizás la clasificación de la motivación más conocida por todos y se realiza en función de la procedencia de los estímulos motivacionales. En el caso de la motivación extrínseca, lo que mueve a la persona a realizar una acción es una recompensa externa. Esto no quiere decir que se trate de una recompensa material, como el dinero. También puede ser que lo que le motive sea el reconocimiento que le den los demás.

La motivación intrínseca, por su parte, hace referencia al impulso interior. Es decir, la motivación intrínseca se basa en la satisfacción de necesidades de autorrealización, ya que es el propio orgullo y placer de la persona lo que le lleva a realizar una acción. Un ejemplo de motivación intrínseca es cuando una persona decide ir a clases de guitarra, porque sí, porque le encanta ese instrumento. O quien estudia por placer.

La motivación intrínseca está muy asociada al aprendizaje y al rendimiento eficaz. Las personas que se implican en tareas por el placer de hacerlo y superarse suelen obtener mejores resultados, además de que les supone un esfuerzo menor. En el caso de la motivación extrínseca, lleva a las personas a anticiparse a la recompensa y a realizar la actividad sin disfrutarla, ya que lo hacen por un mero intercambio o resultado.

Según Brunner (1966), la motivación intrínseca se puede clasificar además en tres tipos:

  • Curiosidad. Surge de la necesidad o deseo por conocer y explorar cosas nuevas.
  • Competencia. Surge de la necesidad por controlar el ambiente, lo que genera interés por el trabajo y mejora el rendimiento.
  • Reciprocidad. Surge con la necesidad de responder adecuadamente a las demandas de la situación.

Motivación positiva y negativa

Esta clasificación se realiza en función de si la recompensa que se obtiene de una conducta será positiva o negativa, como su propio nombre indica. Si la motivación es positiva, la conducta está impulsada por la búsqueda de una recompensa positiva, agradable. Por ejemplo, el dinero o el placer. Por el contrario, la motivación negativa se origina cuando el comportamiento se dirige a evitar un resultado negativo (por ejemplo, dolor, reprimenda, etc.).

Las motivaciones positiva y negativa se suelen combinar con la extrínseca e intrínseca para dar lugar a cuatro tipos de motivación. Así, una acción puede estar conducida por una motivación intrínseca negativa. Por ejemplo, hacer algo para evitar sentirnos mal o evitar un daño físico. Una motivación intrínseca positiva sería, por ejemplo, hacer una tarea porque de verdad se desea aprender de ella.

En el caso de las extrínsecas, la motivación positiva sería hacer un trabajo por dinero. Así, ponerse el cinturón de seguridad para evitar una multa económica (y no por seguridad) se trataría de una motivación extrínseca negativa.

Hombre en la cima de una montaña

Motivación personal y secundaria

Por último, la motivación se puede clasificar en función de los resultados que pueden surgir de la conducta. Si las consecuencias de un comportamiento repercuten únicamente a una necesidad personal, se llamará motivación primaria. Generalmente, estas motivaciones hacen referencia a necesidades básicas como la alimentación, bienestar o placer propio.

Si el bienestar se va a lograr a través de los demás o de forma indirecta, se le llamará motivación secundaria o social. Ese tipo de motivación es más compleja, ya que las recompensas pueden variar: seguridad, respeto, pertenencia, reconocimiento… Entre las motivaciones sociales más conocidas se encuentra la motivación de logro.

Este tipo de motivación social dirige la conducta de forma más competitiva, porque se busca alcanzar una meta reconocida socialmente. No obstante, esta competitividad no tiene por qué ser nociva para con los demás, ya que se comprende que el resultado dependerá únicamente del sujeto activo. Así, las personas con baja motivación de logro tienden a realizar tareas muy fáciles o muy difíciles, con las que asegurar su éxito o la ausencia de fracaso o ridículo.

En los últimos años se habla frecuentemente de la necesidad de aumentar nuestra motivación, pero existen tantos tipos como perspectivas. Así, debemos encontrar aquello que nos motiva realmente, de forma intrínseca, ya que será lo que no lleve a un mayor bienestar.

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